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martes, 16 de abril de 2019

Piedra, papel, historia.

¡Bienvenidos a esta nueva entrada!

El título de hoy obedece a un flash de emociones ante  el triste suceso de ayer, con el incendio de Nôtre Dame, en París. Siglos de historia devorados por las llamas. La gárgola, pétrea y pensativa contempla la ciudad en su duelo.  Parece que su expresión nos dijera: ¡Otra vez! ¡Cuantos sucesos, historias y leyendas habrá contemplado o escuchado desde su pedestal! 

Victor Hugo se enamoró de ella, de la catedral, de su historia. Y Quasimodo también. Nos quedan sus libros, sus manuscritos, los planos, los documentos digitales, las fotos, los vídeos, la música  y incluso un musical, que transmite una de tantas historias de amor que ha inspirado esta emblemática y bella catedral.  Seguramente disponen de un valioso arsenal de datos que posibilitarán su reconstrucción. Un recurso con que paliar la pérdida.


Afortunadamente la piedra, mas resistente, aguantó el embate.  No obstante algunos lienzos, retablos y libros habrán sucumbido al fuego, al igual que vigas, ornamentos y la sillería de madera noble tallada. Los libros, enciclopedias y manuscritos diseminados por el mundo, junto al soporte digital posibilitarán  su recuerdo de manera mas entrañable y personalizada.  

Hace años  contemplé  sobrecogida otros incendios—esta vez en  de la mano de la ficción—, que constituían parte de la trama de dos buenas películas: Hypatia y El Nombre de la Rosa, donde se quemaban libros y manuscritos, tesoros del pasado. Y aún así, aquellas imágenes me sobrecogieron.

Sería bueno que, ahora que disponemos de muchos medios, cualquier bien cultural e histórico, y todo lo que signifique Historia con mayúsculas, se dote  de  sofisticados y eficientes sistemas anti-incendios, mejores si cabe, que  los que disponen  los grandes bancos y edificios gubernamentales. No quiero imaginarme el trance  emotivo por el cual han pasado los bomberos de París, mas allá de las dimensiones del descomunal incendio y de que uno de sus compañeros lamentablemente resultara herido. Afortunadamente las puertas se habían cerrado ya y  el destino, buena suerte, o como queráis llamarlo, evitó lo que pudo haber sido una tragedia humana con numerosas víctimas. 

Mas allá de esta reflexión las cosas, los objetos, se pueden rehacer y edificar de nuevo, aunque se perderán el glamour y los matices: la esencia y el arte intrínseco de sus constructores y autores. Posiblemente los que la reconstruyan querrán dejar su propia huella,porque cada ser humano es irrepetible ya sea en la escultura, en la pintura, o en la arquitectura. Y también lo son los que se ahogan en el mar… Ojalá que Europa se una para todo. Ojalá se impregne del espíritu de Quasimodo.

No hay mas que añadir en un día en que la consternación por lo ocurrido reina en la vieja Europa y mas allá.  El duelo por esta pérdida  histórica cultural y artística, es y será especialmente duro  para los franceses, mas allá de su opción religiosa. Es una pérdida para todos.

La historia es un tanto cruel, y  nos envuelve en un halo misterioso en el cual tenemos la percepción que tenemos tiempo para todo y que todo es para siempre. Sucesos como el de ayer, nos recuerdan que la vida es efímera. Y que la historia material se puede borrar en un plumazo. Escribir, transmitir conocimientos de boca a oreja, enseñar y reeditar oficios que se extinguen, editar los conocimientos en cualquier tipo de soporte se hace imprescindible para comunicar experiencias y cultura.  Canteros, ebanistas… Transmitir a las nuevas generaciones lo aprendido ancestralmente, es esencial para el arte y la cultura.


A modo de homenaje, acabo esta entrada con un fragmento del musical
"Nôtre Dame de Paris: Le temps des Cathédrales".




Esperemos que Quasimodo haya hallado un buen  refugio.




¡Hasta la próxima entrada!

martes, 31 de octubre de 2017

Castañada versus Halloween. #loscuentosdeflora

¡Bienvenidos de nuevo!


Esta noche celebraremos la castañada tradicional en nuestro país, acompañada con boniatos, panellets y dulces en forma de hueso,  elaborados con almendra molida, patata y piñones, un manjar que quizás regaremos los adultos  con un vino dulce, seguramente un moscatel. Los niños esperan este día ansiosos, ya sea  en La Cocina de casa o  en el colegio,  para pringarse los dedos con la masa  con que les enseñamos a preparar  los dulces, a los que darán forma con sus manitas, recubriéndolos con piñones. Luego mirarán expectantes nuestras caras en busca de la expresión: hmmm, ¡que bueno!





















La globalización y el marketing,  han introducido la palabra Halloween en nuestro país como sustituta de la denominación de nuestra fiesta, de La Castañada , los panellets  y  los dulces regionales por la bolsa de caramelos y el truco-trato foráneo; una actividad  que a los niños les encanta, porque además se disfrazan. Es lo que ha de ser, que se lo pasen bien. Además. Y lo digo porque no me gustan las sustituciones o suplantaciones culturales, que sí los complementos y la diversidad

Me gusta ver a la castañera en la calle, llenando  un cucurucho hecho con papel de periódico un montón de castañas asadas y tiznadas, con la cáscara resquebrajada; me gusta ver que algunos niños cogen con sus manos enguatadas el cucurucho, mientras otros llevan una calabaza vaciada y esculpida  con una sonrisa junto a  una bolsa  repleta de caramelos mientras se dirigen a casa de su amigo o de la familia. Me gusta que se disfracen de fantasmas y que paren a la gente  que sonríe con indulgencia mientras  los niños cantan para recibir algunas monedas o alguna compensación por el dulce trato.

Lo que no me gusta es pasear por  Las Ramblas de Barcelona o  la calle de cualquier barrio y no encontrar aquella emblemática parada humeante. Lo que no me gusta es encontrar  los hogares familiares con perfume a lavanda sentations plus ultrapower, en vez del cálido aroma que desprenden los boniatos y dulces recién sacados  del horno.

Quiero seguir oliendo  el sabroso aroma que la castañera reparte hasta entrada la noche, mientras los grupos de gente  esperan pacientemente haciendo cola, frotándose las manos  mientras un halo de vaho escapa de sus bocas, bailando con los pies para que no se les queden helados...

Y además es día de todos Los Santos y luego de los difuntos.   ¡Qué paradoja! 364 días de tabú y uno de fiesta. ¡Vaya tema el de los muertos!,  esos de los cuales  alejamos a los niños en los paises desarrollados, para que no entren en contacto con la muerte, cuando es inevitable por la cercanía; para que no lloren, ni nos vean llorar cuando, paradójicamente nuestros niños, en el día a día, ven cientos de muertos en la tele… y  a todo color. Ven muertos reales, aunque asépticos, en las noticias, en las películas,  en los cines, en los videojuegos, en el ordenador, en el móvil, en los periódicos . El caso es que ven diariamente  y con "normalidad" como las personas se matan unas a otras. Y ahí no ponemos barreras. Por el contrario, en los países subdesarrollados o que sufren un conflicto bélico,  364 días viven con la muerte y acaso algún día al año, cesa el horror. ¿Qué deben pensar  unos y otros niños?  ¡Que abismo tan grande los separa, en experiencias vividas y también culturalmente!

Hemos elevado la muerte a la categoría de ficción. Y aunque la vemos — insisto, asépticamente y a diario— , la paradoja es que en nuestra sociedad incluso ya es costumbre tirar compulsiva mente a la basura la mascota del niño: aquel pequeño hámster o pajarito que se ha muerto, diciéndoles que se ha escapado. Para que no sufran. Para que no la conozcan. Con ello les privamos que aprendan a gestionar el duelo y la pérdida. Un duelo del que deberían descansar los niños de los países en guerra.

Y por otra parte,  una vez al año,  nosotros —para no recordarla demasiado a menudo—, pretendemos mofarnos de ella. Todo son disfraces y caracterizaciones macabras, cuchillos clavados en la espalda, Frankesteins diversos, muertos vivientes, fantasmas, brujas, sangre, maquillajes, tumbas y horror.  ¡Como si no hubiera horror suficiente en el mundo! La verdad que a veces me resulta un tanto obsceno. 

En fin, que tampoco pretendía  fastidiaros  la fiesta con mis elucubraciones. Dejaremos la guadaña tras la puerta y rezaremos para que su dueña tarde mucho en visitarnos.  Y que cada cual lo celebre como quiera.  Yo por el momento me voy a preparar los dulces y las castañas para esta noche, que nos juntaremos un montón de gente. ¡Ah! y ya tengo una calabaza con una vela dentro, para que presida la mesa.  

Pero antes quiero compartir  un fragmento de uno de mis relatos, a propósito de la temática de hoy:

Piel de oveja, diente de lobo

(…)


Debían de ser cerca de las doce de la noche. Una noche fría en la que por el callejón, se olía el aroma de boniatos y castañas asadas. Días grises de soledad. Días de muertos. 
Ricardo, desde una posición apartada quizás para no inmiscuirse en aquel embrollo,  instó a su amigo:
—¡Déjala Nacho! Estás muy nervioso y sabes que pierdes los papeles. Hay muchas como ella. ¡Olvídate!
—¡No! ¡Se va a enterar esa puta! Se va a enterar de quien manda aquí. Por mis cojones que…

En ese instante, se encendió la tenue luz de la portería. La ventana que había al fondo reflejaba la puerta del ascensor y una muchacha rubia, que calzaba unas zapatillas azules, salió de él, atolondrada. Se oyeron los tres cuartos del campanario de la iglesia de la plaza de San Blas, que estaba al final del oscuro callejón. La muchacha miró fijamente a Nacho tras los cristales de la puerta de hierro forjada, y contuvo el aliento ante la feroz expresión del que ella había pretendido que fuera, antaño, también algo más —además de su cliente habitual—. Aún así, abrió la puerta dispuesta a enfrentarse a él. Y con una voz resuelta, le dijo:
—Nacho, ¿Tú crees son horas de venir? Uf, ¡apestas! Al menos podías haberte duchado al salir del trabajo.
—Óyeme bien, puta. He sido el hazmerreir en el trabajo. ¿Cómo te has atrevido a colgar los vídeos de nuestras fantasías de rol en YouTube?... ¿Sabes la vergüenza que he pasado? ¡Esto no te lo perdono!
—¿Qué yo? Si acaso los habrás colgado tú, cabronazo, si tan siquiera sé… Y no es para tanto; tampoco se veía nada escandaloso —dijo ella levantando la voz—, para demostrarle que no se amilanaba.
—A mi no me levantes la voz, zorra —dijo con un ademán malintencionado.
— ¡Oye! ¿Me estás amenazando con ese garfio? Que no me das miedo ¿te enteras? ¡Asqueroso machista!
—Déjame tranquila, que no quiero verte más —añadió Vera a voz en grito. Y tú, no te escondas, que te he visto!...
Ricardo salió entonces de un recoveco de la fachada, cobijado por las sombras del callejón, diciendo:
—Lo siento Vera, pero no he podido convencerlo —dijo mirándola con lascivia.
—No disimules —que mucho empeño seguro que no le has puesto. ¡Cobarde! Que ya nos conocemos.
—¿Qué no quieres verme más? ¡A mí no me deja nadie! ¿Entendido? —gritó Nacho.
y cogiéndola por los hombros la zarandeó como un trapo, obligándola a respirar su pestilente aliento mientras le sujetaba la cara.
—¡Suelta! —gritó Vera zafándose de él bruscamente. Pues que te enteres que me voy a un concurso y me disfrazaré de Cenicienta para la pole dance en el festival de strippers de Macabrus. Eso sí que es un juego de rol elegante.
—No quiero que vayas a esa fiesta. Sólo vas a estar conmigo, cómo y cuando yo quiera —dijo Nacho tajantemente. ¡Ven aquí!
—Ya. ¡Porque tú lo digas! Pues no vas por buen camino. ¡Quita imbécil! ¡Que te zurzan!
Y déjame pasar, que me espera mi acompañante.
—¿Tu qué?
—¿Acaso no me has oído?¡Claro que no! Tú a lo tuyo, a piñón fijo. Pues sí. Nos vamos con la asociación de gays y lesbianas de Madrid. Nos han preparado una carroza preciosa tirada por tres caballos, para recogernos a todas las que concursamos.
—Esto no se va a quedar así —masculló Nacho en un arrebato de ira, golpeando con el garfio el cristal de la puerta, que estalló en pedazos; y añadió: dile a tu acompañante que si es un hombre, que baje aquí ahora mismo. ¡O subo yo!
¡Ja, ja!…, —Pues no va a bajar si es por eso. ¡Uiií! Mira por donde, ¡aquí viene! —dijo Vera con un talante desafiante.

Nacho hizo una mueca de fastidio, que en un instante se tornó en perplejidad. Por las escaleras bajaba "La Elo", la íntima amiga de Vera, con un impecable y escaso atuendo de Príncipe. Cuando llegó hasta el umbral de la puerta, Elo miró a Nacho con descaro y abrazando a Vera delante de él, la besó en la boca. Diez segundos. Veinte segundos y sus labios seguían deslizándose, húmedos, delante de sus narices; torturándolo con aquel placer ajeno que él no podría, ni disfrutar, ni poseer.
—Te espero arriba.Date prisa que llegamos tarde —dijo Elo. Despáchalo pronto, que solo te ha dado malvivir —insistió, mirándolo de arriba a abajo despectivamente.
Nacho crispó los puños y se hizo un silencio sepulcral. 

Proveniente del final del callejón, se escuchó el resonar de los cascos de unos caballos que se acercaban al trote, seguidos por unas sombras fantasmagóricas que recorrían las paredes, deslizándose también por la calzada adoquinada de aquel viejo barrio.

Delante del portal se detuvo una carroza tirada por tres briosos corceles provocando tal sorpresa en los presentes, que nadie dijo ni mu. El que hacía las veces de lacayo, era un fornido y apuesto joven que llevaba un extravagante atuendo de cuero negro; iba maquillado, con las cejas muy perfiladas. Se bajó y abrió la portezuela de la carroza, y dijo presentándose, con una voz potente:
—Hola, soy Fred.
—Hola guapo, respondió Vera.
Nacho se quedó estupefacto. Ricardo contempló la escena pasivamente, con una mirada un tanto extraña. Vera aprovechó aquel intervalo y le dijo al anfitrión del carruaje:
—¿Así que tú eres Fred? Yo soy Vera. Traes una carroza muy bonita y me encantan esos caballos. Son preciosos.
—Sí. Este año se han lucido con el atrezo. He venido un poco antes de lo convenido para ir con más tranquilidad. ¿Ya estáis listas?
—Espera unos minutos Fred, que tengo que ir a buscar algunas cosas.
—Okey, respondió Fred. Hace una espléndida noche — dijo entusiasmado, sin percatarse del mal rollo reinante.
—¡Tú no vas a ir a esa fiesta!¿Me oyes? —gritó Nacho gesticulando, mientras Ricardo le cogía del brazo sujetándolo, —como hacen los que promueven las peleas caninas con los canes—.
Haciendo caso omiso de aquel bravucón, Vera subió rápidamente al piso, cruzándose con Elo, que ya bajaba por la escalera.
—Este maldito reloj  se ha estropeado de nuevo. ¡Qué oportuno! —murmuró de mal talante.

Elo iba al encuentro de Fred, cuando susurró maliciosamente a Nacho que estaba en medio de la acera, unas palabras cerca de la oreja—. El rostro de Nacho  se encendió iracundo y con una mueca de indignación, propinó a Elo un soberbio puñetazo en la boca del estómago, que  quedó doblada  y gimiendo con los brazos pegados al cuerpo.
Ricardo mantuvo las distancias y sin inmiscuirse, gritó:
—Nacho ¡que te pierdes! Déjala. Vamos a buscarnos dos chorbas por ahí, que hoy es día de botellón y seguro que van salidas.
Pero fue inútil. Nacho comenzó a golpear a Elo de nuevo—y ésta, sacando fuerzas de donde no tenía—, profirió toda suerte de insultos, dándole una patada en la entrepierna que le dejó arrodillado en el suelo, sin aliento. 

A todo esto, Vera bajaba las escaleras con precaución, haciendo alarde de unos zapatos como de cristal. Apareció bellísima, con su rubia melena recogida en un moño y coronada por una magnífica tiara; lucía una transparente gasa blanca, —que como velos—, apenas cubrían un ceñido y escueto body de piel, de color azul.
—¡Noooo!, —gritó angustiada, al contemplar con los ojos desencajados, el desaguisado que se había montado en su breve ausencia. ¡Por Dios! ¡Bruto! ¡Hijo de puta!
Y dicho esto, se agachó a atender a Elo. Nacho se levantó con la mirada enloquecida y arremetió contra Vera, revolcándola por el suelo, con tal mala fortuna, que el body se desgarró con los cristales rotos que estaban diseminados por la calle. Vera montó en cólera y comenzó a pegarle. Él la sujetó violentamente.
—¡Déjame! ¡Que te he dicho que me dejes!
—¡Puta lesbiana! Menos mal que no me dejé engatusar. ¡Desgraciada! Te voy a escarmentar.
Ambos rodaron por el suelo, tiznándose con la mugre de la calle, mientras se insultaban frenéticamente. Vera cogió entonces un pedazo de cristal grande que había sobre la acera, y asestó un golpe a ciegas, yendo a dar en el hombro de Nacho, que comenzó a sangrar a borbotones. Se oyó un alarido de dolor, seguido de varios insultos. Y la soltó.
Los caballos relincharon nerviosos ante los gritos y el ajetreo; y comenzaron a jalar con fuerza de las riendas —a pesar de que el lacayo les mantenía el bocado firme, a fin de que no se desmandaran—.
Elo, ajena al cariz sangriento que había tomado la pelea —pues la penumbra dificultaba lo que ocurría—, sabía no obstante, lo que sugerían aquellos gritos y forcejeos, pues era una conducta recurrente entre los dos desde que los conocía, y les gritó:
—¡Parad ya! ¡Vámonos! —dijo con una mano en la boca del estómago y con la otra agarrando a Vera del brazo.

Las doce campanadas de la iglesia sonaban a sentencia. A muertos. Vera, despeinada, y con el body roto y manchado de sangre, intentó huir, pero Nacho se lo impidió, estirándole del moño con el garfio y tirándola al suelo.
— Ayyy… Brutooo. ¡Suéltame!
Elo, en el afán de socorrer a su amiga, lo agarró por detrás y le trabó las piernas para que cayera.
— ¡¡Déjalaaa, cabrón!!

Fred, asustado y desconcertado, prefirió no inmiscuirse y se refugió en el interior de la carroza. Simultáneamente, un caballo se soltó del tiro. Elo y Vera se zafaron del agresor y se subieron a la grupa de aquel caballo blanco con agilidad, espoleándolo con los tacones. La carroza se tambaleó al ser levantada del suelo por los otros dos caballos  —que relincharon alzando las patas, pero sin soltarse del tiro—. Nacho y Ricardo lograron coger las riendas al vuelo y consiguieron dominarlos. Enfilaron la carroza por el callejón, restallando el látigo sobre la grupa de los caballos. Y fueron tras ellas…

(…)



Como recomendación literaria para hoy, os recomiendo un  clásico: 

<El sabueso de los Baskerville, de Sir Arthur Conan Doyle.>


Amenizo  esta macabra entrada con un videoclip imprescindible. 


¡Que paséis una feliz castañada! ¡Feliz Halloween!
Hasta la próxima entrada. 

martes, 18 de abril de 2017

Shakespeare, Cervantes y el Dragón. #loscuentosdeflora

¡Bienvenidos  de nuevo!


Faltan pocos días para el 23 de abril  yen estas latitudes  celebraremos la festividad de Sant Jordi — el día de la rosa—. También se conmemora la muerte de Shakespeare y paradójicamente la del Dragón, pues la de Cervantes se adelantó por unas horas y data del 22 de abril. Afortunadamente sus obras   y también la leyenda han permanecido a través de los siglos, por lo que  que en esta semana con tantas ofertas literarias navegaremos por un océano palabras y emociones.

Mas allá de aquellos genios de la literatura, la vida  del resto de los mortales sigue fluyendo y los Jordis, Jorges y Jordinas celebran su onomástica. Hay paradas de libros por todas las calles, especialmente en la zona centro de las ciudades y de los pueblos. Las librerías  rebosan actividad: están repletas de gentes que abren y hojean las páginas  y el reverso de los ejemplares expuestos.

He  de explicar para los que visitáis este blog desde el ámbito internacional,   que este es un día  festivo en Cataluña (España), especialmente dedicado a los libros y  a la cultura, en el que tenemos por  costumbre  intercambiarnos un regalo:  un libro que  regalamos las mujeres y los hombres nos obsequian con una rosa acompañada por una espiga de trigo. Esto obedece a una leyenda.

[La leyenda de Sant Jordi, cuenta que  un dragón asedió  el castillo del rey y también el poblado albergado  dentro de sus murallas, exigiendo dos corderos diarios, so pena de comerse a todos sus habitantes de un atracón.  Transcurrieron algunos días, y  se acabaron los animales. Entonces  decidieron que había que ofrecerle dos personas cada día, elegidas a suertes, para satisfacer la exigencia del dragón y salvar así al resto, en espera de que ocurriera algún milagro que les librara de tal pesadilla. Y un día, le tocó a la princesa. El rey muy angustiado, quiso hacer prevalecer sus privilegios, pero la gente se rebeló y  la princesa fue librada al monstruo, como cualquiera de ellos.

Pero apareció San Jorge:  un caballero armado que defendió a la princesa y luchó con el dragón,  clavándole su espada en el corazón. Donde cayó la sangre, brotó un rosal de rosas rojas. Por ello desde ese día  la rosa, la princesa, San Jorge y el dragón, quedaron entrelazados en un mar de historias…]

Sant Jordi es una festividad muy especial. ¡Un día mágico!


Los autores firman  sus libros  a los lectores, que hojean curiosos las páginas de libros mil  en Las Ramblas, en el Paseo de Gracia de Barcelona, y en las plazas de los barrios,  donde se diseminan puestos y paradas donde se fomenta  el comercio de libros y de rosas al aire libre, con sol o con lluvia.   Hay multitud de gente yendo y viniendo por estas emblemáticas avenidas, jaspeando la calle de colorido gracias a las bonitas flores que todos llevan cogidas.


¡Se respira  alegría!


Escritores y lectores comparten algunos eventos literarios; también se organizan talleres de escritura en algunos jardines de la ciudad o en dependencias de interés social y cultural.

Hoy día, tanto  rosas como libros se  los regalan  las personas entre sí, algo muy gratificante, pues la cultura y los conocimientos se propagan en el marco de la diversidad y según el deseo de cada individuo, más allá de su género. Y no me refiero al de los libros.

También ha cambiado el formato de edición, que ahora es mas diverso. Algunas personas en vez de libros impresos en papel,  regalan una tarjeta regalo  para que la persona agasajada obtenga  su  
e-Book en las  librerías virtuales de Internet.  Otros regalan el  propio soporte para el libro electrónico. O una versión en audio,  descargado de las plataformas que tienen los audiolibros. Es otra forma de disfrutar de la literatura que además supone una ventaja cuando hay dificultades en la movilidad, las dislexias, o simplemente porque gusta hacer manualidades o quizás  porque exista alguna discapacidad.  Los más golosos regalan  además, la rosa  sobre un pastel  dulce de hojaldre, simulando un libro de mil hojas.   ¡Hay para todos los gustos!














Os agradezco desde aquí, a vosotros—lectores anónimos de mi blog—,vuestro interés.  Quiero deciros que estoy  gratamente sorprendida porque seguís este blog desde muchos puntos del planeta que nunca hubiera imaginado.

España, EEUU, Australia, Argentina, Chile, Brasil, México,  Colombia, Malta, Grecia, Turquía, Bielorrusia, Italia, Países Bajos, Finlandia,  Alemania, Francia, Reino Unido, Bosnia-Herzegovina, Egipto, Filipinas, Bélgica….

¡Muchas gracias a todos!

He actualizado los enlaces disponibles, por si preferís utilizarlos desde aquí para mayor comodidad. ¡Gracias!

➽ LIBRO PAPEL📚

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Consulta en @florasmithbcn y Facebook  Flora Smith Barcelona, las actividades literarias.


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AUDIOLIBRO
                                                                                                                                                                    
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                                                                *******

Este año reedito esta entrada para Sant Jordi, con un relato  acorde con la temática que nos ocupa, por si os apetece leer:

(Cuando me pongo a escribir,  suelo disfrutar de la habitual compañía sosegada de mis perros que se acomodan junto a mi, al lado o debajo del escritorio
y allí permanecen todo el tiempo que dedico a la escritura, sumergida en mis mundos y navegando en mis sueños. Creo que a mis perros les arrulla el  ritmo del tecleo de la  vieja máquina de escribir, pues se pasan horas dormitando tumbados cerca de mis pies y cuando paro de teclear, mueven las orejas y suspiran. Quizás  sueñan o se imaginan historias…¡Quien sabe!


RELATO 

Todo ocurrió súbitamente  ayer  por la tarde, mientras  escribía. Mis perros dieron un respingo y salieron corriendo y ladrando insistentemente hacia la puerta. Olfatearon  la rendija que hay entre la puerta y el suelo — por la que  se filtraban algunos hilillos  desmadejados de  humo negro—. Gus y Yak gemían nerviosos de pura desazón, arañando la puerta con las patas y ladrando con ansiedad. Pensé que había un incendio y me alarmé.  Pero unos fuertes golpes—como de algo metálico—,  resonaron tras la puerta, en el rellano de la escalera. Y deduje  que, o ya habían llegado los bomberos y estaban intentando descerrajar la puerta del vecino—, o bien que ocurría algo extraño y misterioso.

Como no oía voces ni sirena alguna, me dispuse a indagar lo que ocurría—eso sí, muerta de miedo—. Asustada ante aquellos extraños golpes, cogí una espada de mano que tenía colgada en la pared—que era un recuerdo de mi padre, pues había sido herrero—  y seguidamente destrabé el cerrojo y me puse en guardia, levantando la espada aunque me temblaban las piernas;   armándome de valor, ordené a los perros que se apartaran mientras metía el pie en la abertura y con un gesto decidido abrí la puerta con él.

Cual fue mi sorpresa al descubrir que, tras las volutas de humo había un pequeño  y tímido dragón, con unos grandes ojos llorosos. Con mirada suplicante y con expresión asustada, se protegía  con sus patitas tras el escudo de su atacante, que lo empujaba contra la pared. El animalito gemía desconsolado enroscando su cola, mientras unas diminutas llamas humeantes salían de su naricilla. Frente a él, agrediéndole ensimismado, había un apuesto caballero  vestido con una armadura tiznada, que lucía un conocido blasón. Blandía su espada bastarda muy obcecado, cortando el aire a diestro y siniestro  y  no con buenas intenciones, a la vista de lo que contemplaban mis ojos.
—¡Ven aquí, monstruo! ¡Bestia inmunda! —gritó  con rabia. ¡Pelea!
—¡Basta ya! —grité con ganas.

Sorprendido ante mi súbita entrada en escena, el caballero se  quedó atónito; paralizado. A modo de cómic podía describirse así:   caballero  chamuscado;  inmóvil; con la espada levantada y boquiabierto, con los ojos  salidos de sus órbitas,  asomando por fuera de su yelmo.  La espada en alto pesa mucho y  vence con su peso el equilibrio del caballero, que da un traspiés y  cae hacia atrás. Fin de la escena.

Entonces, reconocí quien era. Y  reaccioné  con  un grito para llamar su atención:
—¡Eh..!  ¡Tú! ¿Pero se puede saber que estás haciendo?
—Cumplo con mi cometido…— contestó con voz  grave y  con porte muy ufano— .
—Ya... ¡Ya  se lo que pretendes! ¡Cada año lo mismo! ¡Bruto! ¡Desalmado! Anda—dije apoyando mi espada en el mueble de la entrada del piso. ¡Toma!  ¡A ver si te atreves con esto!—grité retándolo—, mientras le lanzaba el montón de libros que tenía apilados sobre la mesilla del recibidor para devolverlos a la biblioteca.

Viéndome tan cabreada,  aquel hombre vestido de hierro reaccionó instintivamente y soltó la espada para coger los libros  que  le había tirado a la altura de su cara, —seguramente  para protegerse  del peso de tanto conocimiento—.

Mientras, el pequeño dragón pasó por mi lado como una exhalación  humeante y se refugió en mi casa. Los perros  ladraban  ansiosos ante todo lo que ocurría sin saber que hacer,  cuando de pronto, el  maldito escudo resbaló escaleras abajo armando un estruendo colosal, dando tumbos de peldaño en peldaño; los canes se  asustaron y también corrieron al interior de la casa para refugiarse con la cola entre las patas.  Los vecinos ni se atrevieron a salir a ver que pasaba. Pero seguro que  mas de uno debía estar fisgoneando en silencio por la mirilla de la puerta.

Con los brazos en jarras, miré  al apuesto caballero de la cabeza a los pies y le dije:
-¡Pero bueeeeno! ¿Te das cuenta de la que estás liando? Seguro que suben la derrama de la comunidad con tal estropicio.
—Pero si yo no…
¡Ahh!…—Veo que en el fondo valoras los libros, puesto que has soltado la espada, en vez de cortarlos por la mitad. No sé porqué te da vergüenza  reconocerlo. ¿Qué pasa, que no hay otra manera de solucionar los conflictos que a golpe de espada? ¡Qué desastre!  Anda, toma —dije ya más  calmada, dándole unas monedas—, ¡que seguro que no llevas bolsillo donde llevar dinero en esas  mallas!

(Y dicho esto,  ví que le sentaban la mar de bien.)

El caballero aguantó estoicamente el chaparrón en silencio. Seguramente porque le había quedado trabado el barbote del yelmo, del cual tiraba con fuerza  para poder zafarse de él.  Entonces le dije:

—Ve a la floristería que hay en la esquina  y cómprale una rosa al dragón, que el libro ya se lo regalo yo—añadí muy resuelta. Al fin y al cabo también es un personaje relevante en esta historia. ¿No crees?
—Bien mirado, tiene razón mi señora—dijo el caballero—, quitándose por fin el yelmo y atusándose los largos cabellos negros que  ahora enmarcaban su cara sudorosa.¡Que sería de mí sin él!

(¡La verdad que era guapo el puñetero…! ¡Qué ojazos!)

— Voy a ver como está el dragoncito ¡No tardes!
— Pero si me permite, yo …
—¿A qué estás esperando...? ¡Corre, que van a cerrar! Voy a prepararte una tila y un tentempié para cuando vuelvas, a ver si te calmas, que seguro que no has comido nada.

El caso es que Jorge no se atrevió a decir nada más  y traspasó el dintel cargado con los libros; los dejó sobre el recibidor y bajó corriendo las escaleras de tres en tres, diciendo:
-Esperadme bella dama, que no he de tardar…

Una cascada de sonidos metálicos  como de quincalla, delató un fortuito traspiés  con su emblemático escudo, pues la luz de la escalera se había apagado  inoportunamente. Cerré la puerta resoplando y arremangándome el jersey,  pues todo esto me había puesto de los nervios y últimamente enseguida me acaloro.
—¡Cada año igual!  (murmuré contrariada).
Y me fui  a ver por donde andaba el pequeño dragón. Lo busqué aquí y allá y no estaba en las habitaciones ni la cocina.  Y los perros tampoco. Intuí lo que ocurría y me dirigí  hacia mi dormitorio donde vi la puerta entreabierta y allí afuera, en el balcón,  estaban los tres.  Llamas—que así  se llamaba el tímido dragón—,  estaba acurrucado junto a mis perros, implorándome con su mirada que lo dejara refugiarse allí.  Me agaché a acariciarlo y se tranquilizó.  En esto, que una nube luminiscente nos envolvió...

……….



¡Ding, dong!

— Ya voy, ya voy — dijo mientras iba apresuradamente hacia la puerta. ¡Hola  Jordi, que sorpresa!
— Toma,  es para ti — dijo su apuesto vecino ofreciéndole un rosa roja—. ¿Puedo pasar? —preguntó mientras se quitaba las gafas y se atusaba el largo cabello oscuro, esperando impaciente en el dintel.

—¡Muchas gracias…! Que sorpresa, chico! ¡ Uy, disculpa!  Pasa, pasa, que estoy un poco atontada. Llevo toda la tarde escribiendo y ni siquiera me he levantado para tomar un café—dijo—recogién-dose el cabello y arremangándose el jersey, pues últimamente se acaloraba por nada. Espera un momento que ahora  tomamos un trozo de pastel si te apetece. ¿O te apetece mejor  una cerveza y algo salado?
—Mejor algo dulce a estas horas…
—Vale, pero antes  voy a apagar el ordenador, que está ardiendo —dijo con la rosa aún en su mano.

Jordi entró  en el piso, y siguió los pasos de su vecina, por la que suspiraba desde hacía tiempo.  Mientras,  el joven contempló fascinado la cantidad  ingente de libros que había las estanterías del salón. Y se puso a hojear algunos. A su lado había una máquina de escribir antigua: la carcasa era negra  con el teclado redondo y  con un reborde metálico—ese que fue la pesadilla de los dedos de los escritores noveles de antaño—,  que descansaba sobre una mesa de madera tallada, también antigua.
—Tu biblioteca parece un museo —dijo en voz alta. No me había fijado. ¡Que barbaridad!
Mmmm...
— Espera,  que no se qué dices. Estoy guardando lo último en el disco externo, no sea caso que lo pierda si se me estropea. ¡Que llevo un día, que ni te cuento!
— Cuenta, cuenta..¿que  novela estás escribiendo ahora? —preguntó acercándose  a su  voluptuosa vecina.

La joven se hallaba inclinada, apoyada sobre la mesa. Sus caderas  atrapaban como un imán la mirada de Jordi, al que le salían sus ojos de las órbitas.
—Sigo con  aquella historia  de la Orden de los Caballero— contestó ella. Pero hoy estoy liada con un relato sobre la festividad, para relajarme un poco. Bueno, ¡ya está!  Ven, que voy a ponerla en agua.

Y el la siguió  en  silencio. Musa puso el tallo de la rosa  entre sus labios, mientras llenaba un jarrón con agua en la cocina. Y haciendo equilibrios para que no rebosara el agua, anduvo lentamente y dejó el jarrón sobre la mesilla de su dormitorio, sobre un posavasos.

—¿Una historia de Caballeros con yelmo y armadura? —dijo  Jordi emulando  a un caballero, con su espada imaginaria cortando el aire a diestro y siniestro, siguiéndola hasta  la puerta del dormitorio.
—Si, claro.
¡Ejem!
 —¿Puedo pasar? -preguntó Jordi  mientras andaba  hacia ella.

Y quitándose por fin su armadura,  se puso trás  aquella muchacha que le había encandilado desde que llegara a vivir en aquel viejo edificio, a pie de playa;  y acarició sus cabellos con delicadeza y en silencio, recogiéndolos con sus dedos.  Y entonces la besó  en la mejilla. El espejo del tocador mostraba la escena de la muchacha sonriendo  con la rosa en la mano, mientras  Jordi recorría el cuello de la muchacha  lentamente con sus labios, rodeando con sus brazos  el talle de la muchacha desde atrás. Ella permaneció en silencio.  Entonces  Jordi levantó la mirada y la contempló en el espejo.
—Pues si —dijo la muchacha mirándolo a su vez.  Puedes pasar, aunque lo preguntas un poco tarde —contestó— mientras sonreía satisfecha-.

Y se giró, mirándolo embelesada. Entonces con la rosa recorrió lentamente  los  labios de su apuesto vecino.
—Me gustaría leer algún capítulo…—dijo  él  en un susurro y con una mirada más que sugerente.
—Puedes leer el libro entero si quieres —dijo Musa. Y entonces lo besó en los labios, dejando caer la rosa al suelo.

De hecho, aquella tarde comenzó  una nueva historia.


A la mañana siguiente,  los restos de un delicioso desayuno salpicaban la bandeja  que había sobre el tocador.  Y los pétalos de  la rosa, yacían sobre la cama. Musa, envuelta en un salto de cama transparente, cepilló su cabello ante el espejo del tocador haciendo tiempo.  Jordi abrió la puerta que daba al balcón del dormitorio y contempló el mar  mientras apuraba el café de su taza.  La muchacha se acercó  a él y lo abrazó con ternura. Luego lo cogió de  la mano y ambos regresaron al interior de la alcoba. Al lado de la puerta, sobre unas esteras, dormitaban Gus y Yak. A  su lado había una  curiosa figura  petrificada:  un pequeño y tímido dragón, que solo cobra vida cada veintitrés de abril, desde hace siglos...
…………….

La leyenda se ha conjurado con este cuento, en que  por fortuna nadie  ha resultado herido.


Hoy os recomiendo un libro de armas tomar:

El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher.  (The Knight in Rusty Armor)

Amenizo esta entrada con una  inolvidable canción que parece hecha a propósito…

*****Os esperamos en Sant Jordi, de 10 a 20 h en la parada del Aula de Escritores de Barcelona 
@aula_de_escritores  y de la Editorial Cronos, @editorial_cronos,  en la plaza de La Revolución, 9 en El Barrio de Gracia. Barcelona.

¡Hasta pronto!












domingo, 19 de marzo de 2017

Recalada en isla EntreTRENimientos. ENLACES


 ¡Bienvenidos de nuevo!

Hoy  tengo algo extra que compartir con vosotros  y por ello reedito esta  entrada. Fondearemos  en la bahía, frente al  puerto, para  disfrutar de  unos días de ocio.











                                                  Landscape - Vista panorámica   

Ya me imagino tumbada en una hamaca o sentada en un banco, disfrutando del calor del sol y  de la brisa del mar.  Y aunque sea una evocación mental para la mayoría de nosotros,  es grato disfrutar por unos instantes de ello, pues supone un respiro ante el estrés.

¡Distraerse es saludable!

El entretenimiento  y la diversión nos ayudan  a evadirnos  durante un lapso de tiempo de las dificultades del día a día y esto nos proporciona descanso y nos relaja.  Así pues, el protagonista de esta entrada de hoy  es  "el tiempo muerto", ese que empleamos  cuando  viajamos en los medios de transporte cotidianos, o  como pasajeros en el Bus, en aviones, trenes o barcos y en viajes de largas distancias.

Las grandes ciudades y el ritmo de vida  que  nos exigen, frecuentemente nos impone  tediosos trayectos interurbanos cotidianos entre  la casa, el trabajo, los colegios,  el hospital, las consultas médicas, los cursos de formación y incluso  soportar largas colas en la oficina de empleo; un lapso importante  de tiempo en el  que muchas veces entramos en un estado  apático, mientras miramos el suelo del vagón donde vamos, -o  miramos sin ver- , a la multitud de gente apiñada que nos rodea entre el track, track...y los vaivenes del convoy.  O por el contrario, aprovechamos para hacer un agotador repaso mental  de las  mil cosas pendientes del día a día.

Muchas personas  solo leen en el  trayecto que hacen en el metro o en el tren, porque luego no disponen de tiempo.  Por ello decidí confeccionar excepcionalmente  un  libro con relatos dispares;  y digo excepcionalmente porque  suelo escribir novelas, cuyas temáticas son de fantasía,  de  temas  marítimos... y algunos otros,  que ya os contaré mas adelante. 

<Entre-TREN-imientos, relatos para el trayecto> ..., alberga un  amplio  abanico de cuentos  que discurren entre la  media página y las treinta.

Esta obra,

< Te ofrece un viaje por diferentes épocas y un retrato atemporal de la naturaleza humana>.
    (Ana Marín. Editorial Cronos).


He querido publicarlo en todos  formatos:

-PAPEL
-E-BOOK
-AUDIOLIBRO

para responder a las necesidades y preferencias de algunos lectores que abandonaron la lectura por la dificultad que tenían al leer, ya fuera por problemas de visión, por dislexias o por problemas en la movilidad de las manos.  Así pues, con los tres formatos, espero poder complacer a la mayoría de lectores y oyentes.

El contenido de cada cuento no tiene que ver con el resto y abarca diversos temas: desde anécdotas de nuestros adolescentes, -donde he querido hacer un  énfasis tanto en el  vocabulario como en las expresiones verbales y los intereses de  éstos-, hasta otros relatos que se desarrollan en el ámbito rural, con algunas expresiones intrínsecas a las formas de vida  y a utensilios que hoy día están en desuso y que han estado vigentes en un pasado no tan lejano.

Con este libro he pretendido mostrar las diferentes culturas y realidades  ciñéndome a la cultura de nuestro país, de las  que doy una breve pincelada  de sus  formas de expresión, que se corresponden a  algunas regiones que he tenido el privilegio de conocer  y que he querido compartir con el lector,  siempre basándome  en el respeto  y  en la riqueza que ofrece la diversidad y  las circunstancias de la vida cotidiana en algunas ocasiones y otras, las aventuras propias que inspiran los viajes a otros países...

Por otra parte,  las personas nacidas en la segunda mitad del siglo XX  somos  quizás, un eslabón que conecta algunas culturas y maneras de vivir  simples y humildes de antaño que sufrieron el analfabetismo,  ya que muchas de nuestras abuelas…— y lo digo en femenino expresamente— , no sabían leer ni escribir,  aunque muchos de nuestros abuelos tampoco.  He querido  hacer hincapié de ello en algunos relatos.

El arrollador avance de las nuevas tecnologías, — por otra parte apasionantes y que nos facilitan más la vida y la comunicación— ,  nos están  pasando, no obstante, una factura importante  a todos y en especial a los jóvenes.  Desde mi subjetivo punto de vista, creo que contribuyen a  magnificar  unas vivencias virtuales -donde todo es posible y es creíble por definición-, y  que se transmite a una velocidad vertiginosa por las redes; y no siempre es positivo. Estas conductas reiteradas estimulan en el individuo la exigencia de la inmediatez y el apremio compulsivo porque todo sea cuando queremos,  y   desbancan a menudo la paciencia, la reflexión, el pensamiento y el sosiego,  unos valores con peso específico con los que he pretendido impregnar mis escritos, que en algunos casos relatan la velocidad slow, de los tiempos pasados.


Fruto de la ironía y de una pincelada de humor  fue que nació el enrevesado título. He publicado el libro  también en formato AUDIOLIBRO, pues es compatible con las personas que padecen alguna discapacidad grave en su movilidad en brazos o en su desplazamiento; tambien para las personas que están hospitalizadas y necesitan aislarse de los ruidos murmullo hospitalarios, escuchando música o alguna relato que les ayuda a evadirse de su claustro; el audiolibro es muy adecuado para las personas con dislexia, o simplemente a los audiolovers, que disfrutan escuchando.

Como el  blog estará fondeado por unos días,  y por si decidierais   hacer una incursión al puerto de isla EntreTRENimientos,  os dejo amarrada  un esquife   para que podáis  remar  hasta  el muelle.

Una vez allí,  podéis buscar este libro en las redes…. También podéis encontrar algunos comentarios y fotografías en mi pagina de Facebook:  Flora Smith  Barcelona.  Y en Instagram @florasmithbcn

Como decía Jose Luis Borges:

["El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo"]


Os facilito aquí  la portada y el índice de los relatos. 



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AUDIOLIBRO






LIBRO EN PAPEL  PORTADA BRILLANTE
📚😎también  podéis  adquirirlo online  en la nueva librería virtual del Aula de Escritores, inaugurada recientemente, en papel 






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 ÍNDICE


1.  - CRÓNICA DE UNA MUERTE POSTERGADA 
2.  - ¡¡AAATXCHUÚ!!
3.  - PIEL DE OVEJA, DIENTE DE LOBO
4.  - UN DÍA DIFERENTE
5.  - REVOLTILLO
6.   -DOS ERAN DEMASIADO
7.  - UN DÍA CUALQUIERA DE VERANO.
8.  - LA VIUDA DE HICKOT
9.  - UN MEDALLON DE ARMAS TOMAR
10. -EL ÚLTIMO VIAJE A LAS ESTRELLAS
11. - ÁNGEL
12. - ¿SUERTE, O DESGRACIA?...
13. - HECHIZO
14. - LA LUNA ENAMORADA.
15. - PECADOS INCONFESABLES
16. - OBJETO DE DESEO
17. - LA GOTA
18. - CUADRILATERO
19. - AMOR BRUJO Y DUENDE EN LAS MARISMAS
20. - EL TORNAVIAJE
21. - LOS ULTRAMARINOS. VIDRIO, PAPEL Y CESTA.
22. - S.I.G.L.A.S.
23. - COMPROMISO
24. - FASHION
25. - SALVADO POR LOS PELOS
26. - LOS TRIGALES: LA PIEL DE LA MESETA
27. - CHISMES DE BARRIO
28. - A CAL Y CANTO
29. - TIEMPO MODERNO.
30 - LA MASÍA DEL MONTSERRAT






¡Gracias y que lo disfrutéis!

¡Hasta la próxima entrada!