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domingo, 3 de marzo de 2019

El refugio del escritor. #loscuentosdeflora

¡Bienvenidos!

Sabido es que en muchas ocasiones, los escritores necesitamos aislarnos del mundo; rodearnos de silencio y de quietud. Para un escritor amateur como yo, que va arañando el escaso tiempo del que dispone y no siempre con circunstancias  favorables, escribir, a veces resulta complicado.  Por ello, esta fotografía emula mi anhelo. Quietud, silencio, calidez, sosiego, soledad. Nada mejor que un bosque ausente de sonidos. Esto ocurre cuando nieva...




La Luz del candil delataba la actividad en la cabaña. Escuché el sonido del apasionado tecleo de una máquina de escribir. Anduve sigilosamente y cobijado por las sombras, pero el crujido de la nieve delató mis diminutas pisadas.

Con una mano limpié la nieve de los cristales, mientras sujetaba con la otra un viejo libro. Y miré hacia el interior. El chirrido de la puerta me alertó, y al girarme vi  que una sombra se abalanzaba sobre mí y cogiéndome con firmeza me llevó en volandas hasta La Luz.

—Ehhhhh—grité asustado, pero indignado Y me soltó.

Simultáneamente me giré al escuchar detrás de mi un fuerte chasquido proveniente del frondoso bosque.  La nieve acumulada en las ramas de los abetos, fue sacudida por un ser oscuro y harapiento que corría desesperadamente hacia la casa.  Dí un traspiés y viendo que ya estaba dentro de la cabaña, suspiré aliviado; ¡había conseguido cruzar el umbral luminoso!

Drástica, la puerta, se cerró de inmediato tras mis pasos.  Y el Halo de los Sucesos, selló la puerta.

La voz socarrona de Diptongo, el escritor, resonó en la estancia:
—Duende..., ¡pillastre! Te has adelantado a la bruja.
—Temí no conseguirlo.
—Ojo, que aún anda fuer merodeando…¡Menudo susto me has dado!
—Toma el libro —dije—mientras de puntillas, alcancé con cierta dificultad  sobre la mesa, aquel
    antiguo compendio de hechizos y conjuros.
—Te has ganado una taza de chocolate caliente.  ¡Estoy muy contento!
Brrrr…
—Me vendrá bien —dije frotándome las manos para desentumecerlas.Estoy cansado. Ha sido difícil.
—Cierto. Pero lo has recuperado. Pues no creía que…
—Tengo mucho frío…—dije mientras un escalofrío recorría mi espalda—.

Cogí la taza  que me ofrecía mi amigo, el gruíter y miré con cierto temor hacia la ventana, donde el rostro iracundo de la bruja Brasas, se aplastaba con ímpetu contra el cristal de la ventana.  El odio de su mirada me hacía estremecer y me quitaba el aliento. Sus  estridentes alaridos de rabia rompieron el silencio de la noche, hasta que apareció la Dama de las Nieves y conjuró al silencio. Y la dejó muda hasta que llegara la primavera. La miré de nuevo, pero mas tranquilo, puesto que ya estaba a salvo y corrí las cortinas para no ver su fea expresión;  y suspiré aliviado. Ella ya no podría entrar en la cabaña de las musas. Ya no podría  quebrar el silencio. Ya no podría quemar los valiosos libros que allí se guardaban…

Aquella noche por fin dormí tranquilo, arrullado por el mágico y recurrente sonido del tecleo...




                                                       ************************

Escribir una novela me resulta muy grato, pero difícil de congeniar con las vicisitudes que la vida me pone en el camino. Acabar y revisar mi última novela me está demandando mas tiempo y esfuerzo del que tenía previsto y por ello he ido espaciando las entradas al blog. La confirmación de los datos de la documentación consultada, la creación de algunos personajes, la verosimilitud de la trama y la revisión de las palabras adecuadas y los tiempos verbales, me han supuesto un plus, en este caso.  Suerte que la música siempre ameniza, inspira y me acompaña en esta aventura que es escribir… Tengo muchas ganas de acabar la novela y  anunciaros por fin el título y  una aproximada fecha de lanzamiento.

Dicho esto, mi debut en las redes me ha desbordado en algunos momentos, a pesar de que  intento adjudicar un tiempo fijo para ello.  Por otra parte hace unos días  que formo parte de la Asociacion de Escritores Amateur y mi libro de relatos está de gira nacional por España, lo cual me ha exigido mas dedicación y tiempo. ¡Estoy entusiasmada con esta nueva oportunidad! Si queréis visitar la página:   www.asociacionescritoresamateur.com

Y si os apetece seguir mi trayectoria en Instagram, os recuerdo mi página: @florasmithbcn Gracias.

Si os gusta escribir o estáis pensando en hacer algún taller de escritura, os  invito a que visitéis la página www.auladeescritores.com. un lugar confortable donde  podéis compartir ideas, palabras y fantasía y aprender nuevas técnicas para escribir mejor, respetando vuestro estilo.

Os dejo con un vídeo de fantasía que se acompaña de una bonita melodía.



¡Hasta la próxima entrada!

sábado, 13 de octubre de 2018

Y Narciso cayó al agua...

¡Bienvenidos a esta nueva entrada!

Ha sido un largo paréntesis sin escribir en el blog. He tenido que aparcarme un tiempo para lidiar con asuntos propios y para  escribir, pues estoy acabando mi  última novela. No doy abasto. Y además caí en las redes…  ¡Nunca lo hubiera imaginado! Cuando no es el teléfono, es contestar los mensajes de Facebook, y cuando no, Instagram o el mail.   ¡Hasta aquí he llegado! ¡No puede ser!





    Aparte de la época estival,  que propicia estos parones veraniegos, las redes nos enredan —valga la redundancia—  y  nos comprometen, porque hay que contestar, —por interés y por  cortesía—.  Pero tras esta época  frenética y novedosa  en que he debutado en ellas, he llegado a la conclusión de  que tengo que administrar un tiempo determinado para estos asuntos sociales y publicitarios. Se hace necesario  que administre mi tiempo de otra manera. Por salud mental, familiar y social.

Estos medios tecnológicos son estupendos, magníficos para relacionarnos y saber de los demás  e intercambiar opiniones y compartir afinidades; también para  dar a conocer nuestros proyectos, pero como diría mi abuela,  al final nos sorben el seso.  Y aún mas. Los ojos. La mirada. El pensamiento.

He descubierto  tras utilizarlos,  que mucha gente vive de las imágenes, como las abuelas que van a la peluquería y solo pasan las hojas para ver las fotos y no leen. En ellas lo entiendo, pues tienen deficiencias visuales y solo miran.    Pero…. ¿y los jóvenes y de mediana edad?  Apenas  leen. Ni ha dado tiempo a que acabara de colgar algún post con parrafada incluida, y ya tengo varios me gusta. ¡No les da tiempo de leerlos!  Valoran la imagen. Lo que  miran:  fotos, stickers , gifs  y vídeos. Los clics son compulsivos. A mi también me ha pasado.  Afortunadamente también se cuelan  en las redes escritores, poetas y artistas, agencias de viajes y páginas de naturaleza y ecología, de manualidades. Y así se hace mas ameno. Y también  mas adictivo…¡¡Allí encontramos todo lo que queremos.!!



Me preocupa profundamente que  en las nuevas generaciones hay grupos numerosos de jóvenes y no tan jóvenes, que parece que solo están pendientes de acumular seguidores, y conseguir me gustas.  Su interés principal es hacer  movimientos repetitivos ,  fotos  enseñando la lengua, o parte de su cuerpo,  haciendo muecas para acumular  todas —las Kas—  que puedan para destacar en el ranking de seguidores. Eso es vital. No hay vida mas allá de los seguidores.  No tener muchísimos seguidores supone un fracaso social y personal. 

En mi reciente debut en Instagram,  hace unos meses, me he quedado estupefacta  de encontrar páginas en las que solo hay fotos-fotos- fotos -fotos -fotos, del cuerpo serrano. Y está bien. Hay mucha gente guapa por el mundo y es agradecido mirar un cuerpo hermoso. ¡¿Y que más?!… Porque sería bueno que  hubiera algo mas. Entiendo que los que son modelos tengan la casa, la Oficina, y todas sus páginas virtuales empapeladas con sus fotos, pues viven de ello.

Pero la gente joven que esta estudiando -o no-, que dedique  la mayor parte de su tiempo libre a confeccionar estos looks, para obtener el selfy mas fashion para obtener miles de me gustas,  sin mas motivación que esa, me parece incluso peligroso. O que algún ministro/a, esté en el congreso jugando o mirando una pantalla, en vez de atender, ya es el colmo. 

                                             
La recompensa constante—ante ningún esfuerzo mas, que  el de buscar el tiempo necesario y el escenario idóneo  para hacer la foto—, para recibir una aprobación continua, y una demanda  de atención continuada las veinticuatro horas, probablemente modularán  una baja tolerancia al fracaso.   
Regalarse los oídos —o en este caso los ojos—, ante tanto corazón y ante tantos likes4likes difícilmente proporcionará elementos de contraste  y de maduración en estos jóvenes que quizás no  toleren o no encajen los — ya no me gustas, —o—,  no voy a estar pendiente de ti todo el día.

Es fácil acostumbrarse a que la gente se vuelva adicta a tí y a tus cosas. Pero  puede  alimentar una falsa autoestima.  Si uno necesita de la aprobación constante de los demás para sentirse bien, —y con el agravante de que es solo imagen lo que muestras— me parece que si es el único,  no es un buen camino.


                                   

Puede ocurrir que cualquier  circunstancia ajena, fortuita o accidental rompa el efecto espejo. Incluso una gota de agua, interrumpirá esa contemplación  y moda fashion y las ondas distorsionarán esas fotos que hacemos o contemplamos  con una asiduidad enfermiza. 
¿Como afrontarán la distorsión de su imagen estas nuevas generaciones,  con la evolución y el desgaste de la edad o con las modificaciones naturales, como pueden ser el embarazo y la lactancia si solo  han centrado  si interés en una figura perfecta? 

Preferiría pensar que bien, pero podría resultar ser una fuente de dificultades y frustraciones. Los educadores, padres y maestros no deberían perderlo de vista.  Y esto lo comento  expresamente porque me quedé pasmada escuchando la  conversación de unas jóvenes adolescentes: completo rechazo a la maternidad y a la lactancia, porque —como decían— es un rollo y un pestiño lo gorda y deformada que se pone una. Que se embarace otra por mí,  fue la joven mas contundente, pues no se refería a ningún problema de fertilidad, sino por una cuestión meramente estética.  Tengo en cuenta que eran adolescentes —que es un parámetro a tener en cuenta—, pero da que pensar.

En estos meses  también he observado las  fotos, escenas y vídeos que se cuelgan y  que me llevó a reflexionar  sobre la intimidad que se comparte en las redes. Encuentro muy desafortunado el que se comparta casi todo en las redes.  ¡Todo no, por favor!  Cada uno tiene su intimidad, sus momentos, su privacidad.  Se desvelan así datos, vivencias, relaciones, estados de ánimo y otras cosas que no deberían de concernir a esos "amigos", que no son tal.  Y que si lo son, además lo está "mirando" mucha mas gente de la que no tenemos cons-ciencia.  

Aquí también  quiero hacer una mención especial. Encuentro una perversión de la palabra amigo en las redes.   Afortunadamente,  se va distinguiendo con  la palabra "seguidores"… Amigo no es cualquiera que ha visto una foto y le gusta. La palabra conocido, está en desuso.  Conocer " de vista", conocemos a mucha gente.  Pero un amigo es algo más. Y buenos amigos solemos tener pocos. Tenemos seguidores, contactos y afinidades. Conocidos. Colaboradores. Compañeros. Amigos. Familia. Y cada cual tiene en valor,  un espacio y unas necesidades; un tiempo de dedicación diferente…  También es cierto, que  las redes han proporcionado contactos que luego han acabado en una buena amistad.  Cada cual saque sus conjeturas.

El tiempo de dedicación…. Un handicap.   Precisamente,  justo  he comenzado un proceso de racionalización y de organización del tiempo que dedico a cada una de las redes con las que  me relaciono… ¡Que distorsion social y familiar!   ¡Vale la pena reorganizarse y reencontrar esas miradas de nuevo! Estaban ahí..., pero estamos tan distraídos mirando la pantalla del móvil, que no nos damos cuenta...



Encontráis  que falta algo al lado de la taza de la imagen?  El móvil, por supuesto. No está.

¡Fuera móviles en la mesa  mientras comemos! No interrumpamos la atención que prestamos cuando estamos hablando con alguien in situ…cara a cara.  Es lamentable que la influencia de las redes nos interrumpa continuamente con nuevos mensajes y posts.  Porque nosotros lo permitimos. Porque nos dejamos llevar por la compulsividad de contestar la llamada o el aviso del tweet, el Fb o instagram.   ¡Fuera móviles de la mesilla de noche en la habitación!  Fuera zumbidos. No es saludable, ni orgánica ni mentalmente.  La calidad de la relación que establecemos con los demás es esencial.  Y el tiempo que nos dedicamos a nosotros mismos también.

El silencio es importante. Nos ayuda a relajarnos, a reflexionar.  Existen estudios que dicen que el cerebro necesita un mínimo de silencio cada día.  Dosificar el uso del móvil y la dependencia que tenemos de esta maravilla de la tecnología es muy aconsejable.  Disminuir el estrés que nos impone el frenesí y el estrés de la vida cotidiana, saturando los pocos momentos en que no estamos pendientes de algo, es ínfimo. Necesitamos un ratito de silencio, de ocio, de no hacer nada. Silencio. 

La inmediatez en las repuestas telefónicas, los wtsps, audios, tweets, Faecbook e Instagram, se ha convertido en una frenética actividad que tiraniza nuestra vida cotidiana.  Secuestran nuestra atención y nuestro bienestar. Desbancan al confort……¿Seguro?

 ¡¡Mentira!!  Precisamente su peligrosidad está en que aprendemos a sentirnos confortables en este bullicio y frenesí compulsivo.  Precisamente — el disconfort—  llega cuando no tenemos el teléfono a mano, cuando no nos llaman, cuando no tenemos ese contacto virtual habitual.  Es  entonces  cuando nos ponemos ansiosos y nos sentimos vacíos. Nos falta algo.  Desorientados  ¡¡No podemos hacer nada!! ¿Es esto normal? No.
Esto también me ha pasado a mi.  Y por ello no he podido menos que reaccionar  a tiempo y reflexionar sobre todas estas circunstancias.  Y compartirlo con vosotros. No queda otra que acotar los tiempos y administrar bien los afectos. No es fácil, pero se puede.

Solo un par de recomendaciones mas:

Si lees, des-movil-izate.  Si charlas con alguien, des-movil-izate y préstale atención. Y  sugiere que haga lo mismo.   Si escuchas música o ves una película, disfruta de ella y des-movil-izate.

Y así como es bueno movil—izarse para realizar acciones y actividades  sociales e interesantes,  para poder hacer otras es  necesario "des— movil— izarse".


"Cons-ciencia tu vida".  "Consciencia tu tiempo".  Preserva tus momentos de intimidad para contigo mismo y para con los demás.  Acota el tiempo  que dedicas a  las redes.  ¡Es saludable!

En fin, la entrada de hoy  ha sido un reencuentro con los lectores que seguís mi blog.  Pude conciliarme con las redes y con otros vericuetos que no vienen al caso…


Aqui os dejo mi pagina de Instagram por si os apetece curiosearla,  😏pero no abuséis…  

@florasmithbcn

#cons-cienciate   #des—movil—izate   #pon-cota-a-tu-tiempo-en-las-redes


¡Hasta la próxima entrada!


miércoles, 5 de abril de 2017

¡CARPE DIEM !


¡Bienvenidos!

Fue el año 1986 cuando muchos de nosotros pudimos contemplar el cometa Halley en  su efímero viaje por el firmamento. 

El concepto de efímero determina una apreciación   sobre un lapso de tiempo breve. Pero…¿como medimos el tiempo?  Al cometa no lo veremos durante ese  lapso de tiempo que tardará en volver a pasar cerca de la tierra, pero  sigue su viaje y se desplazará durante todos estos años por el universo, aunque no seamos conscientes de ello.  Se verá de nuevo según ocurre cada 76 años, en el 2.062.  Y eso implica que mi generación y yo, ya habremos dejado de navegar por este mar de vida.


Y ello me hace pensar en la muerte y en el transcurso del tiempo. Muchos jóvenes  que alardean de su  manera de vivir a tope,  han puesto de moda la frase Carpe Diem como bandera a los cuatro vientos., como un sinónimo de disfrute y desenfreno ¡Es lo que les toca! A modo de conjuro algunos de nosotros, los maduros y carrozas, solemos decirla también, incluso con mayor énfasis, porque a partir de una cierta edad medimos el hipotético  poco tiempo que nos queda y ya tenemos más presente que no hay que desperdiciarlo.  Pero esta frase también se refiere a la otra parte de la vida, a la tristeza, al duelo, al esfuerzo, al reto.  Vivir  significa aceptar lo que venga. ¡Todo! 

  ¡Carpe Diem! (Vive el momento)   

En esta entrada de hoy, me gustaría que me acompañarais en esta reflexión  sobre el significado  y el contexto en que muchas veces repetimos  ritualmente estas palabras,  que en realidad inician la frase formulada por  el conocido seguidor de la filosofía de los epicúreos, Horacio ( 68 a. a  de C) y que dice así:   [Carpe diem quam  mínimim crédula postero].  (Aprovecha el día de hoy y confía lo menos posible en el mañana)


Mi apreciación sobre ella,  además de vivir con intensidad el aquí y ahora, —esa frase que pregonan muchas terapias contemporáneas para tratar la ansiedad y la angustia,  a las que nos precipita nuestra  acelerada forma de vivir—,  es que  Carpe Diem  no implica  que nos desentendamos del mañana y de las consecuencias de nuestras acciones. Interpreto yo, que no implica impunidad ni despreocupación absoluta,  o pasar de todo, como muchas veces es interpretado, quizás erróneamente. No implica solo que debemos saciar nuestros deseos de forma inminente y compulsiva, mirando solo nuestro ombligo.  De lo que sí nos advierte es que el tiempo  que pasa, ya no vuelve. O al menos eso hemos creído hasta ahora, con permiso de Einstein.  Carpe Diem nos hace reflexionar que, sobre lo que pueda acontecer mañana,  no tenemos que preocuparnos pues no todo es predecible.  Ya se verá.


Pero Carpe diem  nos invita a  que  no nos dejemos vencer por  la procrastinación; que no  posterguemos y  no dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy, porque el mañana es incierto. Esta frase se ha repetido desde hace siglos,  pero hoy quiero hacer especial mención de ella en la escena en que  el profesor Keating, -en  "El club de los poetas muertos", (Peter Weir)-,  hace algunas propuestas a sus alienados alumnos, mientras se sube al pupitre.

La creatividad y el cambio de posicionamiento  en la forma en que observamos el mundo que nos rodea, — aunque sea subidos a una tarima— ,  provoca cambios en nosotros.

¡Que diferente se ve el mar  buceando, o a vista de pájaro desde un avión!  El mar es el mismo. 
Cambia nuestra realidad. La realidad del observador en relación a lo observado. El observarlo desde diferentes ángulos  abre nuevos enfoques  y dimensiones en la percepción y  en la mente del individuo.  Para ello los espejos son muy útiles.

¡Volvamos al pupitre del Sr. Keating! 
Cuestionarnos como postula su personaje  el porqué  son así las cosas y no de otra manera, supone  abrir  y ejercitar nuestra mente. Esto posibilita  a su vez un cambio en nuestra actitud, no siempre fácil.  Con ello se forja un  mecanismo  mental que favorece  la decisión y  que promueve conductas activas.  El Porquesí y el porqueno  quedan desterrados y esta nueva forma de ver el mundo puede resultarnos  útil para vivir  de acuerdo a nuestras propias inquietudes y decisiones, esas que nos posibilitarán descubrir nuevos horizontes hasta entonces impensables, pero que estaban allí.  

La plasticidad de la mente -y también físicamente del cerebro, como ocurre a navegantes, músicos, taxistas y arquitectos, además de los científicos-,  es  inherente al ser humano y  nos permite descubrir y modificar lo que está establecido a través de la curiosidad, del razonamiento y de  nuevas experiencias, si desbancamos los prejuicios y las ideas preconcebidas que nuestra  educación nos ha transmitido.   Los genios  lo  son porque se permitieron la licencia de preguntárselo todo a si mismos. Y estuvieron expectantes  y abiertos a  todas las respuestas. 

Esto me hace pensar en Einstein, que  siempre fue un estudiante controvertido. Se aburría en las clases.  Quizás con  sus novillos hurtó el tiempo necesario para  imaginar un mundo donde  el espacio, la aceleración y la masa estaban relacionados.   Desconozco si  Einstein alguna vez se subió a algún pupitre en sus clases, pero de lo que no hay duda es de que traspasó muchos umbrales impensables y que  transgredió numerosas normas y costumbres.  Su curiosidad y su convicción fueron su mejor brújula.  Descubrirse y confiar en si mismo y en su instinto, fue su mejor odisea: un viaje en el tiempo.


¡Que fascinante es el concepto del tiempo!  
¿Os he dicho ya que suelo perderme en él...? Por si acaso, dejaré las elucubraciones de sus dimensiones para los científicos, que bastante tarea tengo  hoy para acabar esta entrada al blog.

Pero el tiempo tal y como lo medimos en nuestra vida cotidiana, no es como creemos que es. Yo me enteré hace algunos años, de forma casual, en un cursillo: 
El tiempo en el que vivimos es aparente. Cada día no tiene veinticuatro horas siempre. Ni cada año tiene trescientos sesenta y cinco días;  por ello existen los años bisiestos.  Todo es cuestión de cálculos y de ajustes matemáticos para que el transcurso del tiempo —tan variable de un lugar a otro de nuestro planeta— , haga que los pobladores del mundo funcionemos a una, al menos por zonas geográficas y políticas. Por ello  inventaron los husos horarios. 

La medición del tiempo para los humanos de a pie, es rutinaria. No solemos prestarle atención cuando vivimos de forma sedentaria y cómoda dentro de nuestro huso horario. Sin embargo, tanto los pilotos que realizan vuelos de largas distancias, como los navegantes transoceánicos, saben de la importancia de los desfases horarios, pues incluso legalmente tiene repercusiones el cambio de fecha. Por ello la distancia y la velocidad, influyen en  el tiempo que transcurre entre el lugar de partida y el destino, que  es relevante para las personas,  para mercancías y trámites legales. Y para la salud, pues no hay que menospreciar el Jet Lag. Algo que no ocurre  a bordo de un velero…

El  gran volumen de la actividad diaria mercante y en la movilidad de viajeros intercontinentales, ha promovido que la velocidad   y la frecuencia de los transportes marítimos y aéreos hayan ido en aumento desorbitadamente. Y  esto está íntimamente ligado con la rentabilidad. La velocidad y la masificación serán la droga del siglo XXII, que ya  hemos comenzado a padecer. Todo está inventado y optimizado para una mayor rentabilidad y  en una mayor comodidad para favorecer  el consumo de los  miles de millones de habitantes del planeta,  de manera que  repercuta en los pocos sistemas financieros y políticos que gobiernan  todo el mundo:  "Just in time"  

¡Todo a su tiempo! El caso es que no hace tantos años que se inventó el reloj de pulsera, ese artilugio  que contribuía cual carcelero a controlarnos la vida  al minuto. No hace tantos años, repito,  en que cada día teníamos que dar cuerda al reloj, ya fuera el de pulsera y también el de pared, que  antaño solía presidir el salón o el comedor de casa. Desahuciados están ya los campanarios, que marcaban los cuartos y las medias horas, amen de las campanadas horarias de rigor en  todos los pueblos y ciudades. No hace tantos siglos que los navegantes volteaban el reloj de arena  para  contar el tiempo…

Hoy día todo ha cambiado y es muy diferente. Y quiero puntualizar que las palabras cambio y diferente no son sinónimo de negativo por si mismas. Aunque en este caso si les confiero ese matíz, pues  la realidad es que vamos siempre corriendo y muy  acelerados.  No hay tiempo para pensar.
Todo corre prisa. la frase del siglo: Era para ayer….  ¡Demasiada celeridad! 

Incluso coloquialmente nos estamos acostumbrando a hablar en años luz,  cuando nos referimos a las  frecuentes incursiones espaciales de cohetes, naves y satélites, que cotidianamente vemos a través del televisor.  Muy pronto, el hombre (como entidad), colonizará  el espacio científica y turísticamente y  a lo grande —a costa de lo que sea— ,  como hizo con otras tierras allende los mares hace algunos siglos. Con la carrera del té, con las metas que se pone a si mismo. Lo importante es llegar  primero. Y me temo que lo hará de igual manera:   ¡A contrarreloj! 

Esto da que pensar. La pregunta es: ¿Quedará  obsoleta la frase Carpe Diem en un futuro, si el tiempo compatible con nuestra vida, fuera variable?   ¡Menudo dilema!

Me gusta imaginar a Horacio sentado y charlando sosegado con sus alumnos.  Pero no me lo imagino  saliendo de la terminal del aeropuerto cada día, mientras come un perrito caliente y un caffelate…, para acudir de su casa a la la Universidad en avión,  porque está a 300 millas de distancia, la verdad. 

¿Carpe Diem es compatible con tal aceleración  y con tanta  hipermovilidad y frenesí?  

Ahí dejo la pregunta...

A veces pienso que la velocidad  en que transcurren las acciones del hombre y sus consecuencias,  es  de gran relevancia  para la vida de los habitantes de este planeta,  en que el espacio intuimos que es finito, aunque  el tiempo sea relativo. Quizás también para la futura vida interplanetaria. No se que pensaría Einstein sobre todo esto… 

Hoy en el espacio ya es mañana, ¡o vete tu a saber que año!….  pero podría también ser ayer, según la teoría de los mundos paralelos u otras teorías que hay sobre la mesa. ¿¡Quién sabe si a través de los agujeros de gusano, el  concepto del tiempo cobrará una nueva dimensión!?  ¿Donde está el límite pues, si lo hay?  

Lástima que  también a Einstein  le faltó tiempo, pues seguro que tendría alguna respuesta más que ofrecernos… [¡En que era tan fascinante vivimos!] Esta frase me sumerge de lleno en una película sin parangón:  

"Master & Commander: Al otro lado del mundo".  


En ella se evidencia de la importancia de la medición del tiempo, para los cálculos de navegación. Y para la vida a bordo. Cada cosa y cada acción a bordo de aquellos navíos tenía un tiempo prefijado. Quien tenía la certeza (relativa) de que era mediodía, eran los navegantes, en este caso de la Surprise, con los cálculos que hacían  de la altura del sol, -medición que  hacían con el sextante, el octante o la ballestilla-, no recuerdo bien. También los alumnos del buque escuela  Albatros, de la película Tormenta blanca,  aprendieron que el transcurso del tiempo es relevante en todas sus dimensiones.



Disfruté  de estas  magníficas películas y  también escribiendo la entrada  de  hoy  -que más ha sido un ensayo que otra cosa-, por  el que considero que  hoy  no he perdido el tiempo. 




¡Disfrutadlo!

miércoles, 29 de marzo de 2017

Saturno: el espacio, la historia y el tiempo.


¡Bienvenidos a bordo!
¡Hoy será un día diferente: navegaremos por el espacio!  

Ayer estaba consultando  las fechas en el calendario, cuando me fijé en que  es la onomástica de Saturno en nuestras coordenadas. Escribir en un blog de alcance mundial me obliga a reseñar que las costumbres de que hablo son propias, pues en otros lugares desde donde veis este blog  seguramente tenéis otras costumbres y se vive de otra manera. Y viceversa. Demasiado  acostumbrados estamos a medir y a valorar las cosas desde nuestro pequeño lugar en el mundo. Por este motivo y como  de santos no se mucho, prefiero que la entrada de hoy nos lleve por  diversos y lejanos mundos  a través del tiempo y del espacio.


La figura de Saturno  desde la época romana se representa como un anciano con larga y espesa barba blanca y una hoz o guadaña. Para nada os recomiendo  las pinturas de Goya, ni de Rubens sobre él, pues más allá del arte de los pintores, son dos escenas horribles a mi parecer, en que Saturno devora a sus propios hijos. ¡Vaya tema  escogieron para pintar!


Saturno en la mitología romana  se le identificó como el  dios que protegía los cultivos y las cosechas y poseía la potestad de gobernar el tiempo.  También los griegos atribuyeron al homólogo del Saturno romano,  -su dios Cronos-, el poder  y el control del tiempo.  Cronos era el hijo menor de Urano. Titán, el heredero de éste, dejó reinar  a su hermano menor bajo una condición:  no podría tener descendencia.  Por lo cual Saturno, -alias Cronos-, devoraba a sus hijos. Porque de lo que no se privó, fue de engendrarlos. ¡Vaya pieza y encima quedaba impune, por su deidad!  Así pues, los asesinatos y las intrigas familiares -por muy dioses que fueran-, estaban asegurados como ya os imaginaréis.  Ni os cuento la de rituales escabrosos y violentos que derivaron desde la antigüedad como ofrenda a ellos.  Cualquier excusa mitológica o divina era buena para matar  o sacrificar a alguien, en nombre de quien fuera.  ¡Y en eso no hemos avanzado  nada de nada…!

En fin,  a ver si encuentro más paz en el silencio del espacio y comparto con vosotros algunas pesquisas que he hecho en estos días pasados que yo desconocía: Saturno es un planeta gaseoso, que luce un color de la gama de los amarillos y  es uno de los más brillantes que podemos apreciar si hacemos una observación nocturna. 

Se vé a simple vista  en el cielo como un punto muy brillante en las noches en que  está raso  y no ilumina la luna, -amén de que nos hallemos en una zona donde la contaminación lumínica de las ciudades y  las poblaciones nos velen su observación-.  Para los neófitos en estos temas -como lo soy yo-, no hay que confundirlo con Venus, que es mucho más brillante y lo vemos a una altura muy baja en relación con nuestro horizonte en el hemisferio norte,  pues en el hemisferio sur se ven otras estrellas. Y en cada uno de ellos, además,  se ven a alturas celestes diferentes, según la latitud a la que estemos, claro. 

¡Todo es relativo en astronomía…!


Aquí podemos observar la hipotética relación de tamaño entre los planetas de nuestro sistema solar.

El primer hombre que observó los anillos de Saturno con un rudimentario telescopio, fue Galileo en el año 1.610

Saturno posee muchos anillos  gaseosos y numerosos satélites. Aunque posee un núcleo sólido, está compuesto en su mayor parte por Hidrógeno y un pequeño porcentaje de Helio.

Se producen frecuentes tormentas de viento en su atmósfera que pueden durar varios meses y su temperatura mínima ronda cerca de los -200ºC. Tarda en hacer su movimiento de traslación alrededor del sol, algo más de 29 meses, y sin embargo, su rotación diaria sobre su eje -lo que sería para nosotros un día-, solo tarda poco mas de 10 horas.

¡Madre mía!, podría ser el planeta de los ancianos por definición, si el tiempo se midiera como en nuestro planeta, que no es el caso. ¡Qué rápido envejeceríamos en Saturno! ¿No?  Aún así, me muero de ganas de poder observarlo con detalle a través de un telescopio.  
Para los que queráis adentraros en este mundo tan fascinante, os dejo aquí un enlace web en el que podéis curiosear algunos temas relativos a la las estrellas y los planetas y donde podréis ver las constelaciones y su movimiento:  stellarium.org/es







En la imagen  de arriba vemos a una muchacha emulando con el sextante  la medición de la altura solar en el crepúsculo, donde  presuntamente observa el momento en que  el limbo -que es  el contorno aparente de un astro,  en este caso el sol-, toca la superficie del horizonte aparente del mar. A partir de ahí se hacen múltiples cálculos  con los que determinar  la posición del navío. Lo suyo es hacerlo a la salida del sol, a mediodía y a la puesta del astro rey. Eso es importante:  ¡saber el lugar donde estamos!

Para los que navegáis en barco allende los mares por ocio,  os recomiendo:    rodamedia.com 
donde podréis hallar soluciones, ideas  y un foro para vuestro día a día en la navegación. También encontrareis  en esta web bibliografía  científica sobre navegación astronómica, de la que por cierto tampoco tengo ni idea.

Pero como  no puede faltar  algún  relato, a propósito del tema que he abordado hoy: El último viaje a las estrellas ( fragmento)

(…)

Mientras, ocurría esto en el despacho del director, Saturno encendió la luz y se puso sus viejos lentes y frunciendo el entrecejo, leyó unas anotaciones recientes que tenía en un cuaderno. Al instante comenzó a elucubrar con unos números que calculó en voz baja, cual letanía. Y los escribió con una tiza en la pizarra que tenía apoyada en un caballete.

—Pero… ¡Qué estupidez! —exclamó contrariado, mientras se rascaba su larga barba canosa. ¿Cómo no me he dado cuenta? —dijo en voz alta, tirando la tiza por el suelo.

Y borró los cálculos. Comenzó de nuevo. Y los volvió a borrar. Orientado hacia la ventana estaba su viejo telescopio, sobre unas baldosas desgastadas por el uso de tantos años. Harto de sus numerosos equívocos, desistió de sus cálculos. Apagó la luz de nuevo. Miró por el telescopio y ajustó una ruedecilla. Y como siempre, contrastó lo observado con los garabatos de su libreta, a la que alumbró con una pequeña linterna  que le había regalado Fugas por su cumpleaños. Y volvió a mirar durante largo rato por su entrañable artilugio —al que algunos de los responsables de aquella institución habían tildado de excentricidad—, pero como nunca hizo daño a nadie,  y como que poseía una gran fortuna —que  dijo que donaría al centro, en una audiencia en la que el director le había presionado hasta el acoso—, le fue permitido este privilegio. 

En la pared desconchada, cubierta de inflorescencias verdosas y blancas, había un poster de Marylin,  su estrella terrenal, clavado con chinchetas. También tenía un planisferio y una esfera terrestre que descansaban sobre una estantería roñosa.
Siempre pasaba las noches en vela, con la ventana abierta de par en par —fuera verano como ahora o invierno, pero siempre a oscuras—, mirando fijamente por esa lente que era capaz de transportarle a los cielos, de los que anotaba minuciosamente cualquier variación que observaba. También gustaba de hacer destellos con una potente linterna grande que Fugas le había comprado por encargo suyo hacía ya un par de años, a regañadientes de Don Hiracundo. 

Cada mañana, le contaba al celador que le enviaba un código de señales a un amigo del más allá… El caso es que era un lenguaje que nadie de aquella institución conocía —ni del que nunca se preocuparon por conocer—, salvo Fugas, aunque no disponía de tiempo libre  suficiente para dedicarle.
Las señales de código Morse que Saturno emitía, era una actividad que le toleraban por la antigüedad de su estancia, por su pacífico talante y porque no podía molestar a nadie, ya que el viejo edificio estaba en las afueras de la ciudad; y sin lugar a dudas, porque su cuenta bancaria era apetitosa y no tenía familia ni hijos a quien legarla. A pesar de que disfrutó de algunas licencias y privilegios —lo que nunca pudo conseguir, fue que le permitieran ampliar el ángulo del barrido del telescopio, que siempre topaba con las frías y negras barras de metal de la ventana—…
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¡Hasta pronto!