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jueves, 29 de junio de 2017

Conrad, mi padre y yo.

¡Bienvenidos a bordo!

¡Estoy emocionada!  ¡Por fin he encontrado un libro  que había extraviado  hacía tiempo! Estaba detrás de un lienzo que había pintado mi padre en su adolescencia y  que tengo apoyado en un lugar preferente de mi casa,  sobre un mueble de nogal tallado a mano.
El libro en cuestión estaba debajo de una de sus viejas libretas de tapas de grueso cartón gris  y sus anotaciones fechadas en mil novecientos cuarenta y cinco. Me he entretenido curioseando algunos bocetos  que había dibujado en ella con su lápiz plano de carpintero  -ese que solía llevar encajado sobre su oreja, cuando estaba trabajando la madera-. Me gusta recordarlo vestido con su camiseta y su pantalón azul marino, y calzado con sus chirucas trasteando en su banco de trabajo.

Ha caído  de entre las hojas un papel  plegado al suelo. Con gran sorpresa he visto al desdoblarla, que es uno de mis poemas; dejo la libreta en su lugar, y  seguidamente voy hacia el ordenador para copiar un fragmento que me apetece compartir con vosotros y  que constituye  el soporte del título de la entrada de hoy: la pasión por los grandes veleros.

Lienzo pintado hace setenta años por mi padre, con pinturas elaboradas por él.

                                                                                                                

Su proa emergió con bravura  de entre las aguas, 
abrazada por la blanca espuma del mar.
Tras unos instantes  surcó  de nuevo las olas,
cual arado la tierra.

Y mientras, arriba, 
el viento que soplaba  entre las blancas velas,
se escabullía burlón, aquí y allá, sin dejarse atrapar de nuevo.  




Entre mis manos  sujeto el libro encontrado: "El espejo del mar", de Joseph Conrad.  No puedo zafarme de su magnetismo y acariciando sus tapas, deseo sumergirme en sus páginas de nuevo; pero será  cuando acabe esta nueva entrada al blog.

Lo mismo pensáis que estoy perdiendo el juicio. Y bien pudiera ser. Porque…¿como explicaros la empatía que despierta en mi este gran escritor, cuando transmite su amor por los barcos?  Si, lo que estáis leyendo ¡amor por los barcos! Todo comenzó hace ya muchos años, cuando un buen día descubrí que había un señor llamado coloquialmente Conrad por sus fieles lectores; un capitán y  famoso escritor que vivió en la época de los grandes veleros y también  la transición a los buques de máquinas de vapor. En los párrafos  de sus libros, página a página, fui descubriendo para mi sorpresa, que lo que este hombre sentía por los veleros de gran eslora  y  que plasmaba en sus  escritos -con mejores palabras que las que yo pondré nunca-,  empatizaba  con mi sentimiento y mi pasión hacia estas joyas de la navegación y  sus velas al viento.
                    













Aunque mi niñez  y juventud transcurrieron al lado del mar y de algunas humildes  barcas de pescadores, los  grandes veleros me fascinaron siempre, desde pequeña.  El nexo a este mundo fue mi padre, que vivió siempre en interacción con el mar, al que dedicaba cada minuto de su tiempo libre, en el que solíamos ir en familia. Plasmó el amor que sentía por el mar y por los barcos, incluso en sus pinturas -que  hacía él mismo-, y  también mediante los trabajos artesanos de diversa índole, ( piragua 1:1, maquetas a escala, filigranas, etc.)  
Su conocimiento del mundo marítimo estaba documentado por una ingente cantidad de libros que leyó desde joven y que compartió con sus hijos. Los  libros los guardaba en una gran biblioteca -un enorme armario empotrado-,  que había  en una pequeña habitación que daba al cielo abierto del edificio donde vivíamos entonces -que al igual que su mesilla de noche, se hallaba a rebosar de libros, enciclopedias y revistas monográficas, que releía continuamente-, además de  algunas obras clásicas y  novelas de temática diversa.

Tuve la oportunidad de adquirir algunos conocimientos del mundo del mar gracias a las actividades  
   y experiencias que compartía con mi hermano y conmigo,  ya fuera a bordo de una barca de pesca, 
   o  labrando la madera con la gubia  y el formón; otras veces con las tenazas , un pequeño martillo y
   el buril con  el que modelaba sus miniaturas  de cobre. También en sus días de asueto navegaba y
   buceaba en las profundidades del mar.  Frecuentemente de niños  le acompañábamos a la playa -
   donde comprábamos el pescado a piezas o a peso con la báscula romana. También ayudábamos a
   los pescadores del pueblito  costero a varar, o a botar sus barcas empujándolas sobre los troncos de
   madera, pues pasábamos allí algunos meses  del año y habíamos trabado amistad con ellos.

   
 
  































    A menudo visitábamos el Museo Marítimo de Barcelona,  charlábamos con los artesanos  
   maquetistas  amics@mmb.cat  y  luego subíamos a bordo de  la carabela Santa María que  entonces
   estaba amarrada en el puerto. Me gustaba pasar la mano por la regala del barco y mi hermano y yo
   bajábamos por unas empinadas escaleras, a la oscura y húmeda sentina donde siempre había
   algunos palmos de agua maloliente con olor a bodega añeja. Luego nos guindábamos  por las
   escalerillas del castillo de popa y a la proa, que era mi lugar preferido; a menudo navegábamos en
   las barcazas a motor  llamadas Las Golondrinas del puerto de Barcelona , que nos llevaban hasta el
   espigón, donde solíamos ir a pescar  y  a coger cangrejos, por  entre los grandes  bloques  de
   hormigón mal puestos que conformaban el dique,  por donde rugía  el fragor de la resaca del mar.  

Algunos domingos nos acercábamos al mercado de libros de segunda mano de San Antonio. Mi padre siempre tenía un libro en las manos.  Me gustaba el  olor acre que desprendían aquellos libros viejos, entre los que se encontraban algunas primeras ediciones, que hoy serían consideradas un tesoro y que estaban cosidas con hilo de algodón  o seda y  encuadernadas con  tela; marinera, si hubiera dependido de él.  
Así pues, Conrad para mi fue un descubrimiento maravilloso. Esa manera de expresar sus sentimientos hacia el mar y los veleros  me resultaba familiar. Entrañable. Siempre me ha llamado la atención  el contraste de la expresión adusta, impávida y templada de su fotografía, en la que, como en los barcos, se aprecia la obra muerta de su persona. Tras la  apariencia impasible de Conrad me parece intuir a alguien contenido, sereno, perseverante y disciplinado. Un ser metódico e introvertido que supo describir con intensidad el arte de la navegación, la vida de los marinos, las partes de un barco y sus funciones. Allí, en su puesto de capitán, fue seguramente donde gestó la sobria trama de sus novelas, en las que supo entrelazar los sentimientos y las emociones de sus personajes como el alma de un cabo. En sus novelas aflora el calado y la obra viva de su esencia.

El Espejo del Mar fue un libro especial que me acompañó en los duros momentos en que la vida de mi padre iba llegando a su fin.

También en aquella época participé -desde un modesto lugar de cronista-, de la transformación del aparejo de un viejo  barco de vela latina: una goleta. Desahuciado en un viejo muelle de las Baleares, el Cyrano, que así llamaron a aquel bergantín  posteriormente, fue reparado y remodelado; un hecho singular y enriquecedor en el que pude  asistir al nacimiento de un nuevo barco de generosa eslora. Y además  navegar en él.  Por si fuera poco lo aparejaron con velas cuadras, resultando  un bonito bergantín.  Fue una experiencia excepcional. Por  el reto  en sí mismo, y por el entusiasmo de todos los participantes -desde los armadores y gestores de aquel proyecto,  pasando por una tripulación entregada y por un grupo de voluntarios enamorados de aquel barco-, que abocaron todo su esfuerzo y dedicación  a este  proyecto. Un proyecto que lamentablemente acabó unos años más tarde a causa de un accidente. Afortunadamente queda su testimonio en  youtu.be/9oMw-f1DQYI   y en una de mis novelas.

La perseverancia de  algunas personas del ámbito privado, de algunas asociaciones y fundaciones por la cultura marítima, están logrando por ahora, que estos barcos y sus oficios no desaparezcan gracias al inestimable apoyo de  los voluntarios, -enamorados de estas artes y oficios del mar. Me place daros a conocer algunos links que detallo a continuación, donde podréis conocer de primera mano, las actividades que  algunas fundaciones y astilleros llevan a cabo para mantener estos oficios artesanos mediante sus actividades culturales, como ocurre con el crowfounding en el que podéis participar para la construcción del Bergantín Galveztown, en Málaga, en colaboración con  el estado de Lousiana EEUU,  https://trustme.es/es/bergantin-galveztown.com 

Este proyecto está cobijado por los astilleros Nereo de Málaga, (España)  artesanos de la carpintería de ribera  por varias generaciones  www.astillerosnereo.es

De la mano de la  www.fundacionnaovictoria.org  llevan a cabo diversos y ambiciosos proyectos culturales, que divulgan  hasta los confines del mundo a bordo de La Nao Victoria y del Galeón La Pepa, que abarcan desde la promoción de los oficios artesanos de carpintería, hasta el gobierno de estos magníficos barcos y sus aparejos. Con gran esfuerzo han logrado pasar el testigo de estas artes marineras,  a cargo de los  oficiales y marineros expertos en este tipo de navegación a la  antigua, transmitiéndolo in situ a las nuevas generaciones.   youtu.be/E_YHRDjRXEI

También  el museo marítimo de Barcelona, www.mmb.cat/   ha rescatado y proporcionado cobijo a algunas embarcaciones de madera tradicionales, como son el emblemático  Pailebote Santa Eulalia, el Far de Barcelona y algunos más de menor eslora.  Podéis visitarlos en el Moll de la Fusta de la ciudad condal. youtu.be/To87G4Yw4f4

¡Ojalá que por muchos años, podamos contemplar las velas de estos barcos en el horizonte!  

¡Volvamos al pasado! 
No hay que olvidar  que  desde hace siglos, la navegación fluvial fue relevante en nuestro país y de gran importancia en los nuevos descubrimientos de ultramar.  Los grandes navegantes cruzaron mares y océanos  y descubrieron  grandes y caudalosos ríos cuyas  aguas   desembocaban en grandes deltas navegables, por los que se adentraron en pos de riquezas y conocimiento.  Una navegación que no era fácil y  que estaba sujeta a otras condiciones más lábiles, como  enfrentarse a vientos desconocidos y cambiantes, a  lluvias torrenciales, a bajíos arenosos y lodos -a menudo presentes en  la cuenca de estas arterias de agua de extrañas mareas-,  que provocaban corrientes inusuales; unas condiciones que requerían  de una gran pericia en la navegación.

El Orinoco fue el primer gran río descubierto por Colón en 1.498, al que bautizó como Mar Dulce, pues resultó ser un encuentro  fantástico debido al gran caudal y extensión de  este gran río, cuya longitud sabemos hoy día que es de dos mil ciento cuarenta kilómetros. Fue un hallazgo excepcional ya que  es el tercer río mas caudaloso del mundo, cuyo hábitat cobija a hermosas aves, flores efímeras y  que se halla  tutelado por verdes cumbres y  paisajes insospechados. Tan  solo el Amazonas y el Congo superan su grandiosidad. Fue a propósito de su viaje por éste río africano que Conrad escribió una de sus  obras mas reconocidas,  titulada "El Corazón de las Tinieblas".

Como contrapunto también os recomiendo un libro  publicado aquí en 1.967  como resultado de las crónicas realizadas por un científico que viajó hasta el territorio mas recóndito de la selva  venezolana, donde entonces vivían los indígenas con libertad. Se titula  Los Yanoamas, el último paraíso.  Autor: Ettore Biocca,




Como despedida de la entrada de hoy   transcribo  un fragmento  de  El Espejo del Mar,  que me caló hondo, pues fue como leer en un espejo mágico mis propias  emociones, -que en aquellos días por causa de la muerte de mi padre, tenía a flor de piel-, pues en  las  palabras  de Conrad encontré las mías. Este es el origen del  título de hoy. 

[...quizás no haya más que añadir, sobre estas mis palabras de despedida, sobre mi talante postrero hacia mi gran pasión por el mar y los veleros… Es el mayor homenaje que mi piedad puede rendir a los configurados últimos de mi carácter, de mis convicciones y en cierto sentido de mi destino: al mar imperecedero, a los barcos que ya no existen y a los hombres sencillos cuyo tiempo ya ha pasado…]

                                                                                   [ Joseph Conrad 1.919]




















¡Hasta la próxima entrada!



PD. Lamentablemente tengo un problema de configuración en el blog con los párrafos del texto, que deslucen la  entrada de hoy. Espero poder solucionarlo en breve. Gracias.

miércoles, 14 de junio de 2017

A nadie le amarga un dulce. #loscuentosdeflora

¡Bienvenidos, os estaba esperando!

La verdad que me estaba aburriendo, tantos días sin  escribir y mientras hacía la comida  he buscado un poco de entretenimiento para que jugaran mis sobrinas, pues  he estado haciendo de canguro hasta hace un rato.



Acabo de meter unos muffins -como ahora llaman a las magdalenas-, en el horno. Los he decorado con un tema náutico, pues me han pedido unas amigas que  van a  los Encontros de Embarcaciones Tradicionales  de Galicia, que les  buscara una receta original, pues van a participar en un concurso gastronómico. A ver que tal quedan, que  hace mucho tiempo que no hago repostería.


Es la primera vez que mis amigas  acudirán  a un evento marítimo y están entusiasmadas.  Este año el encontro  se celebra en Combarro-Poio del 29 de Junio al 2 de Julio, en este pueblito de la Ría de Pontevedra.   Es un evento cultural importante, de ámbito internacional y similar a las jornadas que se hacen en Brest (Francia), donde se reúnen embarcaciones  tradicionales de todo tipo y se hacen festejos y actividades tradicionales y marineras que incluyen si se desea,  navegar en diferentes embarcaciones durante estos días (Dornas, chalanas, galeones, bucetas, balleneras, piragüas ..) 

El caso, es que  Chari  y  Chelo  no saben nada de nada del mundo marítimo y van a venir a merendar  a casa para que les cuente como va. Y además de los muffins,  les he buscado un poco de información y he bajado un vídeo de estas fiestas gallegas,  para que puedan desenvolverse de mejor manera en aquel ambiente marinero. ¡Les va a encantar!  
También la comparto con vosotros, pues se de buena tinta que este blog lo pincháis algunas personas que no tenéis relación alguna con el ámbito náutico y marítimo, incluso en algunas casos porque  vivís tierra adentro y no tenéis contacto con el mar.  ¡Va por vosotros!

                                             PARTES   DE UN BARCO



                                                     
Ring. Ring..

-¿Flora?
-Sí, dime Chelo.
- Mira, que llevamos toda la tarde dando vueltas y no nos ponemos de acuerdo en la ropa que hemos de llevar y tampoco  tenemos calzado náutico. ¿Es imprescindible?
-Tranquila, unas bambas o calzado que tenga la suela blanca  y que no resbale, servirá. 
-¿Y las pastillas para el mareo?
-Luego cuando vengáis hablamos de todo lo que es interesante llevar.  ¡Madre mía,  ya veo estáis de los nervios y todavía faltan quince días!  Tranquilízate. 
-Estamos a diez minutos de tu casa.  ¿Ya encontraste la receta de los muffins? Mira que… 
-Sí. Ya están en el horno. Tranquila.  Voy a poner  un café entre que llegáis.
-Que sea un té roiboos para mí -dijo Chari  al otro lado de la línea, pues  le había arrebatado el teléfono  a Chelo, que estaba muerta de risa-.  
-Vale,  vale… ¡Como sois!  No tardéis.
-Hasta ahora..


Como no saben a que se enfrentan, pues todo es nuevo para ellas, están entusiasmadas. Es normal. Todavía recuerdo el primer día que subí a bordo de un barco de doce metros de eslora, en el Triana, en las prácticas de capitán de yate de mi marido.  Estaba muy nerviosa. Nunca había subido a un barco así y además aquel día había mala mar y temía marearme y liarla parda. Hubo marejada  y un viento fuertísimo, por lo que no se pudieron desplegar las velas.  ¡Y disfruté del balanceo  y los guiños de la embarcación como nadie! Y encima filmando y haciendo fotos. ¡Como si nada! Ni yo misma me lo creía.  Nunca se sabe.  ¡Menos mal que no me achanté y me quedé en tierra!

El vídeo que veréis a continuación es de hace años, de  los Encontros de  2009, que en aquella ocasión se hicieron en Muros.   Espero que os hagáis una idea de las actividades tradicionales que hacen allí  www.culturamaritima.org
          
                         

¡Ding  Dong!

-¡Madre mía, ya están aquí!  ¡Ya voy!  Uff…  -¡Como quema!
-Holaaaa guapa.. ¡hmmm que bien huele!
-¡Mirad Chicas!
-¡Wow! -exclamó Chari...¿donde dejo el bolso?  ¡Chelo ni se te ocurra contar calorías hoy!
-¡Para nada! ja ja...


¡Bueno, pues  hoy voy a servir el té como los ingleses, a las cinco!


💥¡Ah!, se me olvidaba deciros, que hoy he añadido  al blog el gadget del traductor de Google.

En los ordenadores sale automáticamente, pero en los  móviles  no  y para utilizarlo hay que clicar sobre  un enunciado que hay en la base de la página y que pone:  ver en versión web,  ahí lo encontrareis.

¡Hasta la próxima entrada!






miércoles, 8 de marzo de 2017

El Mar de las Damas.


¡Bienvenidos a esta nueva entrada!


Tras las primeras  expediciones de la travesía atlántica, desde España hacia Las Américas, -entre la latitud de las Canarias  hasta las islas de Barlovento, que delimitan el Mar Caribe-,  en que comprobaron que  la navegación en aquellas latitudes era cómoda, si zarpaban  en la época en que no habían huracanes, (igual que  se hace hoy día).  Ya en aquel entonces, coloquialmente decían que hasta las mujeres podían haber  gobernado los barcos, llamándole desde entonces el Mar de las Damas. 


                         
Esta  navegación sobria, probablemente se debe a  que los vientos alisios  del hemisferio norte soplan por la popa  en esas latitudes y  llevan  cualquier cosa que flote, desde las Canarias hasta las costas de  Las Américas. La lenta cadencia  de las olas del atlántico y  la amplitud entre sus crestas cuando hay  buena mar, sume a los barcos en un balanceo  agradable  al que se suma  la  acción de los vientos alisios,  que llenan sin brusquedad pero constantemente las velas de los barcos… 

Pero más allá del mote, en los  océanos se originan  temibles tempestades y  borrascas  que lo encrespan en un amplio abanico de latitudes, donde  el buen hacer desde hace siglos mostró la solera y el temple de los marinos que navegaron por ellos.  En el devenir de los tiempos, la historia nos ha dado a conocer la biografía de numerosos y grandes hombres de mar. Pero  también hubo  mujeres aventureras,  cuya historia no ha sido divulgada hasta hace poco tiempo. Afortunadamente las mujeres y las redes siempre han compartido espacio en los muelles  y hoy día en los blogs, y gracias a ello podemos conocer sus historias, desconocidas para buena parte del público.

¡Esto merece un brindis con ron!


Pero hoy quisiera destacar, que bien  por causas fortuitas, o por decisión propia, algunas mujeres
-también en los siglos pasados-, se saltaron  los convencionalismos y abandonaron el rol prefijado para ellas. 

Normalmente sus deseos  e inquietudes se hallaban  ya entonces, coartados por las leyes prohibitivas que promulgaban los hombres y la sociedad que ellos mismos regían; pero también  por  la influencia  jerárquica de las  mujeres del entorno social y familiar -que incluso  a veces resultaba más restrictiva-, como sigue ocurriendo en nuestros días con algunas tradiciones culturales, modas y  status, con las que se sigue educando,manipulando y disuadiendo -por activa o por pasiva-, la  identidad y las formas de vida  que podría elegir lícitamente cada mujer por derecho propio.

Desde la antigüedad,  mujeres como Hypatia , Cleopatra, Juana de Arco... y otras que las siguieron tras el devenir del tiempo hasta  llegar a Marie Curie , Anne Hatckins, la primera fotógrafa, Emmeline Pankhurts, sufragista o Lucy  Burns, que  fue encarcelada y torturada también por la defensa del derecho al voto femenino,  demostraron que las mujeres a lo largo de los siglos han estado ahí, -reivindicando día a día el rumbo que querían tomar-, a pesar de las trabas y las censuras; de las prohibiciones y del maltrato y la violencia sufridos.  Y siglos después -aunque hemos avanzado-,  las mujeres aún seguimos en ello. ¡Y seguiremos...!  



Podéis averiguar algunas pinceladas de sus biografías en un interesante blog que encontré en una de mis singladuras por la red:    mujeresenlahistoria.com


Hoy -por ser el día internacional de la mujer-,  quiero centrar la atención en algunas mujeres navegantes y en las que se enrolaron en los barcos,  o los gobernaron en épocas pasadas, pero también contemporáneas, como esta joven de EEUU, de la que encontré este vídeo en youtube, para dar una pincelada.  Aunque lamentablemente -solo la entiendo a grosso modo-, puesto que pertenezco a esa franja de edad en que estudiamos de refilón el  inglés. Esa asignatura pendiente que  todavía  trasciende  varias generaciones en nuestro país y  que  nos dificulta entendernos con medio mundo...

Pero creo que merece la pena percibir lo que desprende el talante de esta mujer de veinticuatro años y también  merece la pena contemplar el precioso barco en el que ostenta su cargo.
Son cinco minutos.  La canción que canta es Spanish Ladies, una canción que entonaron los marinos irlandeses,  tras conocer a algunas mujeres españolas. Creo que existe otra versión inglesa.



Mientras tarareaba  la musiquilla... -que es muy pegadiza-,  me subí en una escalera y busqué y rebusqué en los estantes  altísimos de mi biblioteca... ¡Por fin lo encontré!  Cogí  un libro que recopila lo que pretendía ofreceros, donde se recopila la vida de algunas mujeres aventureras, escrito por David Cordingly y que se titula:

 < Mujeres en el mar: capitanas, corsarias, esposas y rameras.  Editorial Edhasa. >

David Cordingly es un erudito historiador inglés especializado en el tema naval y  en historia de la piratería, que estuvo durante varios años al frente  de las exposiciones del Museo Marítimo de Greenwich (Inglaterra) También  asesoró al equipo de producción  y dirección de  Piratas del Caribe. Podéis verlo en el menú del make in off de < La maldición de la Perla Negra >.

El caso es que  publicó   la historia de estas mujeres  -que  vistieron como hombres y que  cambiaron su nombre para enrolarse en los navíos-,  impelidas por diversos motivos, como   cita en su libro: [Algunas fueron capitanes de cofa, y otras obtuvieron  su graduación de carpintero, o como artillero...]

En aquel entonces había una expresa prohibición de que las mujeres  se hicieran a la mar, por ser mujeres y para evitar conflictos con la tripulación -esto también especialmente  reseñado en el  código de los piratas-, que por supuesto, también infringieron  algunas mujeres, entre ellas Anne Bonny y Mary Read que acompañaron a John Rackam en sus fechorías por las Bahamas (1720), un archiconocido menàge à trois pirateril.

Con el tiempo, se modificó por fin  aquella rígida reglamentación, permitiendo en algunos casos, que ciertos oficiales  pudieran gozar de la compañía de sus esposas en viajes largos. También se extendió a los barcos mercantes y los balleneros. Una  de las historias que destaca  Cordingly  en su libro y que me suscitó más interés, fue la de Mary Patten: 
[una joven de diecinueve años y embarazada-, que sustituyó a su marido, -el capitán del Neptune's Car-, que, víctima de un ataque agudo  y quedó inconsciente. Mary gobernó aquel clíper  en el que navegaban por el Cabo de Hornos, con el apoyo de uno de los oficiales, llevando  a San Francisco a la tripulación, al navío y su cargamento, gracias a que había aprendido con entusiasmo las artes de la navegación que su marido había compartido con ella ya en un viaje anterior]

Cordingly nos da a conocer en su libro, a una escritora oriunda de Nueva Zelanda,  Joan Druett, que documentó en sus obras  las hazañas  verídicas de algunas mujeres de gran coraje: algunas mujeres de capitanes que asumieron el mando, sofocaron motines y arribaron a buen puerto. También destaca las actuaciones de las mujeres de los capitanes de los buques  balleneros y  de las que se dedicaron al salvamento con sus barcas, como  fueron las mujeres de algunos fareros, en  costas especialmente peligrosas,  y que tuvieron un papel relevante]

Joan Druett, además tiene una línea de novelas  de temática  marítima que podéis consultar en su página:   www.joan.druet.gen.nz

También quiero destacar  hoy la proeza de una mujer nacida en  el este, en Polonia. Krystyna Chojnowska  fue la primera mujer en dar la vuelta al mundo (28.000 millas) en un velero de poco mas de 9 metros de eslora; esto fue en 1976. Podéis encontrar más información sobre ella y otras mujeres más, en:    /mujeres navegantes.wordpress.com/libros


Aunque la extensión de la entrada de hoy se alargue, he sucumbido a la tentación de compartir  el vídeo  siguiente:  es el Unicornio, un precioso velero-escuela para jóvenes adolescentes,  que estuvo tripulado exclusivamente por mujeres de mediana edad que decidieron crear una escuela de navegación para las mujeres en 2013.  Actualmente  en esta bonita embarcación ya no se desarrolla esta actividad, porque está en venta, -al igual que la mitad de la flota de veleros clásicos, a los que los mecenas, no suelen prestan atención pues andan distraídos con pinturas y esculturas que están mejor salvaguardadas que estas joyas náuticas, de las que tampoco se suelen ocupar los gobiernos correspondientes-, pero ahí, en esa filmación queda su testimonio. En youtube hay  dos o tres vídeos mas, del tiempo que este barco estuvo en activo, donde podéis ver a las jóvenes adolescentes en su salsa...  



La verdad, es que  he encontrado tantas mujeres emprendedoras e interesantes, que  hubiera estado escribiendo toda la noche...

                   Ojalá  que en el futuro, hombres y mujeres  podamos contemplar el icono con que cierro el escrito de hoy, -a modo de  bandera ondeando al viento-,  pues sugiere paz y cierta  complicidad, esa que sería el colofón al respeto mutuo con que deberíamos  compartir la vida,  el hogar,  el mundo y los océanos..., porque de hecho, estamos  todos en el mismo barco.  Y aunque es una utopía, es lo que me gustaría llegar a ver...   ¡Todo avante!














miércoles, 22 de febrero de 2017

Navegando por el Cabo de Hornos con Julio Verne


¡Bienvenidos a bordo!

Antaño, llevar un zarcillo de oro en la oreja izquierda,  distinguía a los grandes navegantes que hubieran cruzado a vela el temido Cabo de Hornos. Y el zarcillo de plata cuando hubieran hecho uso del motor, en épocas mas recientes.

Ese inhóspito lugar sigue siendo un lugar indómito que justifica  sobradamente el concepto de que la  naturaleza es  salvaje y colosal. Prueba fehaciente de ello son las olas de treinta metros o más  que se alcanzan donde los dos  grandes océanos convergen y donde es habitual que el viento huracanado sobrepase los cien kilómetros por hora, siendo llamados los vientos aulladores, que suponen una  terrible pesadilla para los valientes navegantes,  de la que podéis haceros una idea bastante aproximada en la magnífica película  de Master&Commander.

El nombre de este emblemático cabo se corresponde con la ciudad holandesa de Hoorn, desde donde zarparon los dos hombres  que describieron esta  porción de tierra austral, que linda con  la Tierra del Fuego en la punta de América del sur que pertenece a Argentina.  En neerlandés, se llamó Kape Hoorn, y probablemente el nombre traducido, derivó a Hornos.  En todo caso, pensamientos que se me ocurren...

El canal de Panamá  no existió hasta 1.914 y hasta entonces -y desde la Edad Moderna-,  Hornos había sido el paso obligado por el oeste de África y Europa, entre ambos océanos. Un alto coste en vidas humanas, mercaderías y navíos,  debido a los numerosos naufragios que se han producido en estas latitudes a lo largo de  la historia.

En 1.937 en una bonita localidad de la costa  francesa, en Saint-Malo, se fundó la cofradía de capitanes del Cabo de Hornos, para homenajear a sus intrépidos navegantes. También  mas tarde en Valparaíso (Chile), se formó una asociación, que conservó el espíritu de Saint-Malo de la que os paso la web por si queréis averiguar algo más:  www.caphorniers.cl 
En  Amsterdam (Holanda), también se constituyó la Fundación de navegantes holandeses del Cabo de Hornos: www.kaaphoornvaaders.nl.  Por otra parte, en la Isla de Hornos, cercana al cabo, se erigió el monumento  al Marinero Desconocido,  en  honor a los miles de tripulantes desaparecidos, ya fuera desempeñando sus labores en cubierta, en las jarcias, o víctimas de los naufragios.

Navegado por la red,  busqué este breve vídeo en youtube para compartirlo con vosotros; en él podréis apreciar la magnitud del océano en esas latitudes.  Sobran las palabras.





Como reconocimiento a esta peligrosa travesía, se otorga un trofeo a los navegantes que  lo han surcado solo a vela, que no hayan utilizado el motor ni hayan largado el ancla.

En 1856 también hubo una joven mujer  que navegó por el Cabo de Hornos y merecedora de ese reconocimiento,  pero ese será un  tema para otra ocasión...
Precisamente estaba  indagando sobre su historia, cuando se fue la  luz a causa de una tormenta, interrumpiendo mis pesquisas. ¡No hay nada como quedarse sin luz  para frustrar la racha de un escritor...! ¡O para inspirarlo!

Así pues, la cena transcurrió iluminada  por el  inquieto resplandor  de las velas. La tempestad que se había desatado  por la tarde, arreció durante  toda la noche. Unos sonidos insufribles, me despertaron  con unos  ñiieeecs, ñieecs constantes, provocados por la antena de la televisión  -sometida a los fuertes bandazos de aquel viento huracanado-, pues la antena estaba collada en la fachada del edificio, justo en la pared de mi dormitorio. Al poco la luz piloto del pasillo se encendió, anunciando que  se había restablecido el suministro eléctrico. Era ya  imposible que pudiera dormir; y como suelo hacer cuando pasado un tiempo prudencial no logro conciliar el sueño a altas horas de la madrugada, me levanté. Hacía frío. Calenté un poco de leche y  me dispuse a leer un rato en el sofá, ya que mi mente no daba para escribir.

Elegí un libro  de entre los muchos que tenía apilados sobre una silla, pues aquella tarde había estado   desempaquetando algunos viejos libros heredados de mi padre.  Cogí uno  que estaba encuadernado en tela  y que despedía un olor acre,  a polvo añejo. La edición que tenía entre mis manos era de sesenta años atrás. ¡Teníamos la misma edad! Lo abrí  fortuitamente por sus páginas mediales y la palabra piratas -como siempre-,  acaparó la atención de mis ojos.  Y vi que tenía delante de mí una historia espantosamente interesante...

Era una novela de Julio Verne que no conocía:  <El faro del fin del mundo>. Fue una obra póstuma de este enigmático escritor, publicada  por su hijo en  1905 tras su muerte.  La trama  de esta obra se desarrolla en La Isla de los Estados,  en los aledaños del Cabo de Hornos.

[*Uno de los dos únicos ejemplares que se conocen en el mundo de la primera edición francesa de la novela El faro del fin del mundo, es la pieza estelar de la biblioteca del Museo Marítimo de Ushuaia.
(fuente: web  jverne.net)]




Se me ocurrió pensar -a propósito de la trama de la novela-, que quizás a Julio  Verne,  en algún momento  le hubiera  sucedido algo similar  mientras  escribía. Quizás creó a sus  dos personajes:  Kongre y Carcante, -los piratas de su novela-, para que cargaran con el robo de tan valioso e indispensable bien, como es la luz...  ¡Por piratas!



 ¡Hasta la próxima entrada!