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viernes, 1 de febrero de 2019

¿Y luego qué…? Velas en el horizonte.


¡Bienvenidos a bordo!

Tras un tiempo en varadero, este blog retoma su singladura con el nuevo año.
Nunca mejor dicho, pues buscando en las redes alguna imagen o video con que me motivara para amenizar esta entrada, me he topado con un viejo conocido: El Bergantín  Tres Hombres. Con mayúsculas.



Instagram: @treshombres.rum.   y  @treshombres.shipping

Aunque este bonito vídeo es del 2012, me satisface corroborar que  estos pioneros—a día de hoy—  siguen surcando los mares en su labor comercial con el transporte de algunas  preciadas mercancías: café, cacao, ron, etc.   Un transporte sostenible y una forma de vida diferente que un día resolvieron comenzar estos emprendedores, para no colaborar con la contaminación del medio ambiente y de los océanos y mantener una forma de vivir diferente, pero buscada, que es su relación con el mar.

¿Sabéis que el transporte marítimo es la 6ª causa de contaminación ambiental en nuestro planeta azul? Podéis curiosear aquí : http://www.localizatodo.com/home.html

¿A que esperamos para apoyar el transporte marítimo sostenible?

El timing, la velocidad , "la cantidad", de productos que se mueven  los grandes buques para obtener un gran volumen comercial que abarate costes a los que gestionan la venta de estos productos — y sobre todo, las  enormes distancias a las que se trasladan las mercancías,  de una parte del mundo a otra— muchas veces sin mayor objeto que los réditos de contratación de los espacios o condiciones laborales, así como el modo "just in time" precisamente  para que las fábricas y almacenes NO  hayan de tener naves de  almacenaje ni stocks—, obliga a mover   TODAS LAS MERCANCÍAS, EN TODAS LAS ÉPOCAS DEL AÑO Y POR TODOS LOS MEDIOS: AÉREOS, TERRESTRES Y MARÍTIMOS—.   

Estas políticas y actuaciones  fomentadas por la globlización han resultado ser el mayor dinamizador del consumo desorbitado de combustibles  fósiles y del incremento de las emisiones de CO2. Grandes buques portacontainers, cruceros, petroleros, aviones, camiones… ¡por miles de millones, las 24 horas de cada día! Año tras año. 

Todo ello  se ha desbordado  socialmente.  Además esta conducta empresarial reiterada, se ha trasladado al comercio hasta el nivel del consumidor de a pie,  por un hábito inculcado expresamente e integrado ya en nuestras mentes: el usar y tirar.  Una  costumbre cotidiana  y frenética que ejercemos durante las 24 horas durante 365 días del año.
Probad a hacer una lista con todas  las cosas que tiráis desde por la mañana hasta por la noche, durante una semana. Y calcular el volumen de bolsas de basura y productos tóxicos que generaríais en esa semana. ¡Probablemente llenaríamos la habitación hasta el techo!

La industria del envasado ha de replantearse  esa escalada vertiginosa  que ha emprendido con el hipermegasuperenvasado,  como dicen nuestros jóvenes.  Es impactante y nos adentra en una vorágine y volumen de basuras inadmisible.

El caso es que, año tras año,  se nos ha abocado y acostumbrado al despilfarro y a la desvalorización. A un consumismo frenético. Esto es un gran y complejo tema a reflexionar, precisamente porque abarca a todos los ámbitos de nuestra vida: higiene, educación, sanidad, laboral, construcción, movilidad, alimentación, industria, basuras, salubridad, etc.   Ya sabemos que la reeducación y la reordenación social e industrial  actuará lentamente pues  para — "con-s-cienciar-nos"— los humanos,  necesitamos tiempo y que, además, no nos pongan mas trabas en el camino que deshagan lo logrado… Es difícil. Pero no imposible.

Es evidente que no es posible ni deseable sustituir a todos  estos grandes buques  mastodonticos transportadores de objetos de consumo— muchos de ellos superfluos—y que es complicado racionalizar la hipermovilidad de las  de personas. No podemos dejar de viajar en avión o en un Ferry. Pero está claro que no es sostenible vivir en Barcelona y trabajar en Gerona, o Tarragona o Londres o París cada día.   Y mucho menos ir de compras  o de finde asiduamente a otro continente a golpe de combustible y CO2…a low cost.

Low cost. Esto ha resultado ser un despropósito medioambiental, por su gran repercusión. La industria aeronáutica—sin control—  se ha desmandado. Es una locura.

¿Como puede ser que me cueste menos un billete de avión a cualquier ciudad europea, que un taxi a la periferia de la ciudad?

Está claro que tenemos que viajar. Pero, o racionalizamos los viajes, o ponemos cuotas de consumo por persona  en los desplazamientos, o utilizamos otros medios que no contaminen.  Y para eso, la industria y la tecnología han de crearlo. ¿

¿Que no podrá hacer en la tierra la industria aeronáutica, si es capaz de llegar a Marte y mas allá….?
Es imprescindible que los gobiernos apuesten por  la investigación en nuevos medios de transporte sostenible , o por la modificación en los combustibles y maneras de propulsión, que por falta de tecnología, no será…  Si destinaran los recursos que dedican al armamento y a las guerras, a estas investigaciones, iríamos mejor.  Al fin y al cabo los inventos estelares de la humanidad en el siglo pasado comenzaron a investigarse y se crearon para las guerras….  ¡Pasemos esa página!

La logística que han generado los intereses comerciales,  empresariales, bancarios y políticos — que  son los que nos han creado necesidades al usuario y al cliente— , y los que nos han proporcionado los vehículos, artefactos y otros  productos contaminantes, no obstante, no puede desacelerarse bruscamente, ni de hoy para dentro de un par de años, para no colapsar el sistema.

Pero podemos cambiar el chip, y  también el vector de aceleración, para contribuir a mejorar la calidad del  medio ambiente; para fomentar un comercio y una movilidad mas racional y para crear puestos de trabajo y formas de vivir que mejoren la calidad de vida de las personas. Para vivir mejor y a un ritmo mas natural. Los pequeños productores pueden tener una salida al mercado de una manera mas accesible y diferente, lejana a las exigencias de las grandes superficies y a la  decadente calidad  y sobreexplotación de los  recursos que exigen algunos mayoristas e intermediarios sin escrúpulos. Nosotros solitos, los consumidores hemos barrido al pequeño comercio. Cierran tiendas de alimentación, de moda, librerías, pescaderías….  Preferimos ir a comprar a las grandes superficies. "Necesitamos comprar ajo negro, manzanas violetas y berenjenas de color fucsia, para hacer un plato delicatessen. No importa que vengan de los confines del mundo y que el coste ambiental de su  transporte sea inasumible.  Vivimos en una sociedad que valora en exceso la imagen y las innovaciones superfluas con que redecorar nuestra vida, — mientras deglutimos piretrinas, bencenos , mercurio y aluminio aliñados con berenjenas, ajos y manzanas— ...

Volviendo al transporte  más sostenible, cualquier alimento o mercancía no perecedera,  podría transportarse allende los mares con barcos a vela. De hecho ya existen algunas empresas con estas características. Ya hay navegando algunos  preciosos barcos veleros-cargueros por los océanos:  los Sails Cargo. Son pocos. Apenas actúan como los embajadores de una idea, de una conducta y de unas actividades comerciales sostenibles, que aún hoy día, quizás no  puedan ser accesibles a todos los públicos…. Necesitan mas tiempo, veleros mas grandes  y empresas que se impliquen en sus actividades, como para rentabilizar y abaratar los productos.

No es nada nuevo. Ya lo hicieron en su época, las flotas de los grandes clíperes como el Cutty Sark, que transportaban té, con la connotación de que su exquisitez dependía del  tiempo transcurrido desde su recolección y de su estado de conservación, para evitar mohos y su oxidación; el excelente estado en que llegaba a Londres — y que daba fe de ello el palacio de Buckingham,  regio receptor de la llegada del primer fardo de té— lo que me permite intuir que hay muchísimos productos —no tan delicados como el té— que podrían transportarse a vela.

Tambien existió la llamada Flota del Grano, destinada a transportar cereales, en su mayor parte cebada y trigo, en grandes veleros como el Pamir. Pueden transportarse frutas como cocos, frutos secos, etc.  Nuestro centenario pailebote Santa Eulalia— amarrado en el muelle de Barcelona—, sabe bien de estas tareas, pues este barco  las realizó  entre  las Baleares y electoral mediterráneo si no recuerdo mal.  Transportó material de construcción, sal, madera, cerámicas, madera y otros productos. Los pailebotes son un tipo de velero muy adecuado pues  su diseño permitía que su gran bodega albergara almendras y aceite entre otros  cuando navegaban rumbo a Cuba y a diversos lugares de Centroamérica y a la vuelta regresaban cargados con  azúcar, ron, tabaco, café, etc.  Los veleros con velas cuadras son idóneos para cruzar el atlántico empujados por los alisios...

¿Qué no podremos hacer  hoy día que no hicieran nuestros antepasados con galeones, bergantines y fragatas  desde el siglo XVI  y con muchos menos recursos?

Y no me refiero solo al transporte transoceánico de ultramar…. 

 ¿Acaso no podríamos transportar productos entre el Mediterráneo en un circuito Barcelona y Tarragona y  Valencia en barco? ¿Porque no transportar  productos y pasaje a las Baleares, Cartagena, Málaga, Francia mediterránea, Italia, Grecia, etc?  por citar algunos puertos importantes del litoral mediterráneo.  Y ya en la costa atlántica ¿porqué no  crear una línea de transporte entre Canarias, Huelva, Cadiz, Portugal, Galicia, Cantabria y País Vasco?  ¿O entre Francia e Inglaterra; entre Inglaterra e Irlanda ú Holanda, Alemania y mas allá…?

¿En qué barcos podría hacerse hoy día?

El caso es que podrían recuperarse fragatas y goletas   antiguas de las que todavía quedan para reunir una flota de transporte, dando un nuevo valor a estos veleros con la energía del viento:  más lenta,  sostenible,  y medio ambientalmente  saludable.  Y  por supuesto construir nuevos barcos veleros mas ergonómicos y adecuados a lo que tuvieran que transportar...

Existen muchos barcos en los cementerios navales de algunos puertos y algunos de ellos podrían ser candidatos a un nuevo arbolado y rehabilitación, como ocurre  con el SV Brigantes, un barco recuperado de mas de un siglo ( 1911)  que va tomando forma y lo están rehabilitando  en Trapani
( Sicilia / Italia)

Esta nueva tendencia nos permitiría minimizar  gasto de combustibles y sus emisiones, pues los veleros tan solo utilizan el motor  para maniobras de emergencia y para la  seguridad en la entrada y salida de los  puertos. El motor podría ser eléctrico o de hidrógeno, o de agua de mar,  rizando el rizo.

No es una quimera. Es posible. No para todo; pero sí,  para muchos productos.  Estos barcos Incluso podrían ser mixtos de pasaje y carga, como se hacía en la antigüedad.  Algunos de estos barcos que os doy a conocer,  tambien ofrecen la oportunidad de trainingship  ( buque-escuela)  y  en algunos casos admiten pasaje en alguna de sus  singladuras o viajes.


Me gusta pensar que el horizonte se cubriera de nuevo con grandes veleros silenciosos y  emblemáticos que contribuyeran a disminuir el número de las grandes moles de containers metálicos que transportan los enormes buques mastodonticos.

Para optimizar  el coste del transporte, frecuentemente los cargueros mastodónticos — por  la pérdida del centro de gravedad, debido al oleaje y a la altura de su carga— ,  pierden numerosos y enormes containers  de los que llevan apilados, que se hunden irremediablemente en las profundidades de aguas azules de los océanos, en mar abierto. Nadie va a recuperarlos.  Nunca.  No se puede. Con un poco de suerte algunos acaban varados en las playas… y otros quedan depositados en el cementerio oceánico junto a los barriles radioactivos que ese corroen en el fondo…. ¿Hasta cuando vamos a envenenar el planeta?

La meteorología es la mayor adversidad del transporte naval. Y el exceso de la  altura de la carga de  los containers, para "optimizar" la rentabilidad del viaje, es un  alto riesgo conocido por todos. Aún así, tientan la suerte. Pagan los seguros. Pero sobre todo, lo paga el medio ambiente. 

Me gusta pensar que la enormes hélices  de esos mastodontes con su velocidad  vertiginosa, —esa  que hiere a menudo, los lomos de las ballenas,  o las mata, pues las ballenas nadan mas lentamente y sí o sí, tienen que salir a respirar—,  afortunadamente no estarán presentes en los buques de vela pues están dotados con  hélices mas pequeñas y sobre todo, porque navegan a una velocidad menor y mas respetuosa con el ritmo del océano y sus especies.

Al ser barcos  relativamente pequeños en comparación a los trasatlánticos, petroleros y otros, la relación de estos veleros y  de sus gentes con el mar —no se adultera—, porque no se olvidan del medio al estar en permanente contacto y simbiosis con él.

Me gusta pensar las toneladas de combustible y de emisiones contaminantes que se ahorrarían con este medio de transporte a vela  implantado globalmente en todos los puertos del mundo, pues ayudaría a atenuar el maltrato que  infringimos al planeta, pues respiramos y nos alimentamos de él.  Lo poco va sumando… Lo pequeño es importante.

Por otra parte, se dinamizaría  la utilización de los  astilleros artesanales que aún quedan,  pues la construcción de esta hipotética flota sostenible, iría recambiando y reponiendo los empleos que, al automatizar la construcción de los grandes ferris y fragatas se pierden por la finiquitación de los empleos cada X años.  Los veleros necesitan personas. Personas disciplinadas. Profesionales. Asertivas. Empáticas. Convencidas. Ilusionadas. Trabajadoras. También supondría una recuperación de  algunos oficios  artesanos que se están extinguiendo y que recobrarían un nuevo impulso con el manejo de la cabuyería, la construcción de aparejos, jarcias y velas  para estos nuevos barcos.

No soy ingenua y el mayor problema  ante este nuevo horizonte, es sin duda  la gestión del poder y su repercusión económica. Le siguen en dificultad, la velocidad y la inmediatez de las entregas; el dar el servicio; contentar al  que procesa el producto  y también al consumidor. ¡Ojo con el timing!
Y con el servicio logístico Just in time. Esa vorágine velocista, sincronizada que hemos creado y que devora nuestro tiempo con ansiedad y frenesí. Descoloca las producciones y  el funcionamiento de los servicios si falla...

¡Que mal nos lo montamos!  Siempre con prisas, con nervios, con ansiedad y con estrés.

Es necesario que reflexionemos.  ¿En serio todo lo necesitamos para  ¡ya! o para ayer…?  La velocidad, la inmediatez y el "tener -de -todo /en -todo- momento y -en-cualquier-epoca-del-año"es la epidemia de nuestro tiempo en los países desarrollados, donde derrochamos recursos, objetos cotidianos, aparatos y máquinas y  también alimentos con muchísima  indolencia. Tiramos ropas porque cambio la moda, compramos compulsivamente  y nadie recuerda ya como huelen el aire, o  los guisos, y quizás, hasta las personas, pues existe una obsesión en que todo huela bien, e igual e inundamos nuestras casas y comercios con ambientados y olores fuertísimos. Y la paradoja es que  perdemos de vista que nuestras frutas y alimentos ya no huelen. No huelen a nada.

Un elemento  muy distorsionado  en nuestra sociedad es la falta de paciencia. La irritabilidad ante cualquier cosa que interrumpa nuestras previsiones.  El capricho exponencial. La sociedad actual  está impregnada con una impronta global  que es compulsiva por definición.  La desmesurada competencia. El desmesurado consumo. La desmesurada manipulación que se hace en los medios publicitarios y redes sociales con  los que se nos redirige la atención y se fomenta  la compulsión para  aumentar el consumo mas y mas. Sufrimos de Ansiedad y visceralidad y exigimos  satisfacción al momento.  Likes, likes, likes. Selfies. Fashion. Top...

Usar y tirar. Usar y tirar. Usar y tirar. Usar y tirar. Usar y tirar….  ¡¡Basta!!

Se está instalando en nuestras  diversas culturas el concepto de vive hoy. Aquí  y ahora. Y nada mas. no import el luego. Vive el momento a tope, que mañana no se sabe…
Y esto me hace pensar que aunque vivir el aquí y ahora por si mismo es muy  bueno y positivo para liberarnos de la ansiedad y para  disfrutar del momento con plena "con-s-ciencia"—también es cierto que esta filosofía malentendida—, buena parte de los humanos — la prostituimos o tergiversamos en una oda a la comodidad— . A falta de reflexión.  Nos aboca a la impunidad; nos aligera y distorsiona  la conciencia y  la carga  que supone el asumir nuestras responsabilidades para con el día de mañana; ese que estamos condicionando con nuestras acciones y sus consecuencias...

¿Y luego, que?  ¿Qué mañana dejaremos a nuestros sucesores? Pensemos. Y actuemos.

Es bueno  saber de donde venimos. Es bueno vivir el aquí y ahora. Es bueno  reflexionar y ser responsables de las consecuencias de nuestras acciones.  Hoy, aquí y ahora estamos influyendo negativamente en nuestro planeta  con innumerables y agresivas actuaciones tóxicas y  intervenciones geológicas y espaciales donde vertemos mas y mas basuras de toda índole.


Tenemos la responsabilidad de  velar por ello, cada cual con lo que pueda aportar, que siempre  es mas de lo que nos imaginamos. Cada individuo tiene fuerza y capacidad de decisión. Coraje. Determinación.  Podemos cambiar el rumbo. Nuestras acciones cotidianas como reciclar, reutilizar y evitar la contaminación ambiental, freática, terrestre, etc.  tienen gran valor en las repercusiones propias  del medio donde vivimos, y también en las del medio ambiente global.

Si minimizámos la contaminación e intoxicáramos menos la tierra, limpiaríamos los ríos.
Si limpiáramos los ríos, no ensuciaríamos el mar. Si limpiámos el mar, comeríamos mas saludable y  protegeríamos sus especies. Si  la lluvia que cae del cielo fuera limpia ( que no lo es), iría saneando la tierra y el aire, tanto en cuanto no utilizemos pesticidas ni insecticidas contaminantes. Es un ciclo cerrado y vicioso que hay que romper….  

Disculpad tanta redundancia, pero es que a veces nos olvidamos de que este ciclo existe y solo pensamos en lo que vemos o lo que conocemos… Por eso he querido enumerarlo expresamente.

Tenemos que ser conscientes de que cada día  que pasa todos tenemos una gran oportunidad para disminuir las acciones tóxicas que realizamos en el medio ambiente.  La industria y el comercio han de reinventarse en modo ecológico. Y los políticos también. Cada uno de nosotros podemos presionar con nuestra actitud, con nuestra firmeza el cambio que queremos en nuestro horizonte.  Los consumidores tenemos el poder de comprar.  O no comprar. Consumir, o no consumir.

Ese es el valor de las asociaciones, las agrupaciones, de los voluntarios y las Ong, y también —porque no— , de  todas las empresas comerciales e industrias que se presten a colaborar y a reinventar el futuro. No son el enemigo.  Los  empresarios emprendedores son importantes para el futuro si  tienen una clara visión medio ambiental y  deberían liderar la industria, las empresas y el comercio, el consumo racionalizado. Esta nueva conducta, con su plan de choque podría aportar mucho al medio ambiente y a su conservación, además de garantizar su  lícito negocio empresarial.

El motor de hidrógeno, o el motor de agua de mar —esos que no se quieren fabricar para uso cotidiano— nos  demuestran la doble moral que existe en los grandes monopolios y  en la política global.

En estos momentos, se está centrado la atención en el stop plásticos. ¡Ya era hora! Llegamos tarde, pero bueno,  ya estamos en ello.  Con los combustibles pasa lo mismo.  La política y la industria se están centrando solo en los automóviles, que no es poco. Pero no es todo.

Nadie habla de los aviones. Ni del exceso de calefacción  en invierno,  ni del desmesurado frío que disfrutamos en verano en los  lugares públicos y grandes superficies y oficinas; en los hoteles; en el hogar.  ¿En serio hemos de estar a 24 grados siempre?  ¿Invierno y verano?

Esto ocurre en los países desarrollados. Nadie habla  del exceso de químicos ambientales, detergentes,  ambientados derivados del petróleo, ni de la ingente cantidad de productos productos de limpieza que son muy contaminantes; ni de los aceites domésticos ni de los industriales; de los venenos  y tintes ni de la  tóxicidad de los metales pesados, que son un veneno de gran impacto para nuestra salud. También.

¿Quien piensa en el impacto  de toxicidad química  que pueden tener los trillones de baterías funcionales  que luego, años mas tarde  serán desechadas por la implantación de los coches eléctricos?   Y con referencia al  impacto del electromagnetismo que puedan generar  el gran acúmulo de estas ondas  en la salud...¿lo ha estudiado alguien?

El ser humano dispone de una gran inteligencia, que en demasiadas ocasiones utiliza para crear muchos y grandes problemas, pero también está capacitado para encontrar las soluciones.

Todo depende de su elección.  ¿ Por qué apostamos?

No se puede desacelerar el ritmo frenético  que nos han impuesto la logística y el just intime, en el ámbito industrial, comercial y social en poco tiempo. Se colapsarla el abastecimiento.  Pero sí que  podemos establecer pequeños cambios programados y racionalizados en el tiempo  en un relativo corto y medio plazo, para una transición, por ejemplo en el horizonte de la próxima década.  Se hacen necesarias y urgentes legislaciones ambientales que condicionen a la propia industria de fabricación, ya en su origen, con unos "tempos suficientes" para su adaptación y reinvención tecnológica y para que puedan adaptar o renovar sus sistemas productivos y su logística. Para que puedan redefinir sus productos.  No valen las multas. Esa pantalla tiene que desecharse como única penalización, como se ha hecho hasta ahora.


 ¿Estamos dispuestos a quitarnos la venda de los ojos?

La racionalización de los recursos y  la desaceleración en el consumo y en la velocidad de nuestra manera de vivir, tendría, —si hipotéticamente estuviéramos dispuestos a vivir mejor  y de manera mas sostenible y saludable, (aquí y ahora)—, insisto..., tendría que ser con una planificación muy detallada  a medio y largo plazo, para no crear cuellos de botella en el sistema industrial,  tanto en la  logística como por supuesto tampoco un sentido de vacío y de desgracia que importaría en ese consumidor compulsivo en que nos hemos convertido todos. Unos mas. Y otros  menos. Hay que comenzar a reeducar  el consumismo de los adultos, para educar  a los mas pequeños.

Sería bueno decidir — desde este tan cacareado aquí y ahora—, que  es lo que queremos hacer  con nuestro planeta y con  el rumbo a que estamos llevando a nuestro medio ambiente y nuestras vidas, nuestra salud;  tenemos que intervenir positivamente en el mundo que dejaremos a nuestros hijos y nietos.

Tenemos que cambiar este rumbo suicida ….  Nuestro planeta es  demasiado bello para destruirlo. Y nosotros demasiado importantes, como para sucumbir a la estupidez.

                                                        ********


Afortunadamente, algo se está moviendo en el mundo y se suman gentes y  nuevos proyectos para emprender un nuevo camino en el transporte sostenible. En este caso me centraré en el transporte por mar, con el empuje del viento….

¿Comienza una nueva era?  ¡¡Ojalá recuperemos esa otra manera de hacer...!!

Aquí os paso algunos vídeos y enlaces  informativos de este tema que he encontrado en las redes.  Espero que os sean útiles y que los disfrutéis. Y que os aporten ideas y nuevos proyectos.  El futuro se construye desde el presente.


                                                       ********


             
Desde Cornualles, Co. UK, esta bonita goleta de madera, botada en 2012,  realiza transporte de vino francés y cerveza entre diferentes puntos desde Francia y Portugal.

https://www.grayhoundluggersailing.co.uk/






2017- Chocolate, cafe y te. Y ron. Esto no podía faltar... transportado a Bremen. Alemania.
Charla de Ben, uno de los componentes del equipo de la goleta Avontuur
https://timbercoast.com.   Instagram: @timbercoast







Proyecto Ceiba. ¿Te interesa?  Construcción de un velero  para transporte de mercancías sostenible, y actuaciones de  repoblación forestal en Costa Rica.  www.sailscargo.org

Instagram:  @ceiba_sailscargo






La goleta  Avontuur, promocionada por la  empresa Alemana Timbercoast,
ubicada en  Elsfleth ha emprendido  un nuevo proyecto de transporte marítimo, transportando te, chocolate, café y ron…https://timbercoast.com

Instagram : @Timbercoast






sailboatproject.org    ( Sussex) Co.UK.  dispone de una escuela de vela que utiliza varios barcos : el Jalapeño, Iris, Bessie Ellen y Nordlys   para el transporte de aceite, aceitunas y almendras, entre  diversos países.  México, Portugal…

Instagram:  @sail_boat_project







Instagram  @towt_transportalavoile

Trasporte marítimo  de cacao, vino de burdeos, cafe,  te verde,  ron,  su base está en Douardenez, Port Rhu. Francia ——— Crowfonding Co2 free cargo by sail
#cargosailing




El SV Brigantes, es un barco de 1911 con casco de hierro que estaba arrinconado en el muelle, diríase que  para desguazar.  Pero alguien se fijó en él.  Es el barco gemelo del Eye of the Wind. Y lo están rehabilitando para su uso en transporte marítimo sostenible ( Sails cargo ).
Transportará aceite, café, grano de cacao,  ron y otros productos hasta  el Mediterráneo. Su puerto base está  en Trapani (Sicilia). Italia.   brigantes.eu

Instagram:    @sv_brigantes




¡Buena proa y buenos vientos a todos ellos!


Entonces..., ¿qué?   ¿Abordamos la disminución del CO2 en todos los ámbitos, minimizando los combustibles?  ¿Sustituimos plásticos y pesticidas y nos hacemos con el timón poniendo proa hacia un mundo mejor y mas saludable ?

Aquí y ahora ¡Medios hay! La voluntad y la decisión, son nuestras.



¡Hasta la próxima entrada!




jueves, 4 de mayo de 2017

Veleros tradicionales y algunos entresijos más. #loscuentosdeflora


¡Bienvenidos!


Antes que nada, quisiera recordaros la premisa que rige en los barcos, para los que no estáis acostumbrados a navegar y también para los que, como yo, llevamos demasiado tiempo en dique seco:

-Lo primero es no caerse por la borda. ¡Y la puntualidad en el embarque! 
-Lo segundo, es que en un barco cada cosa ha de estar en su sitio.
-Tercero,  que cada maniobra o tarea  de a bordo, hay que llevarla a cabo en su  justo momento. No hay lugar para el aplazamiento.
-Cuarto, que la buena comunicación  entre los tripulantes, es esencial. 


Y aunque hay más consideraciones a tener en cuenta, las iremos abordando con el tiempo en  el blog y mediante algún fragmento de una de mis novelas, de la que ya os hablaré cuando acabe de revisarla.


El caso es que la idea se me ocurrió hace algunos días, mientras estaba metida en faenas, limpiando el polvo en la biblioteca; me acompañaba  Irene, la mas joven de mis amigas, con la que acababa de tomar  café, tras lo cual, seguí apilando algunos libros de  Joseph Conrad. En alguna de sus  portadas había la silueta de algunos barcos antiguos y hablamos sobre ellos.   


Irene  apartó las tazas del borde de la mesa  con  cuidado y se apoyó en él  mientras limpiaba  las gafas con sus delgados dedos,  que frotaron insistentemente los cristales, enfundados en un trapillo.  Su rostro pecoso se iluminó al decirme  que  desde siempre había soñado con navegar en un velero clásico  pero que  no conocía ninguno que estuviera en un puerto cercano. Atusó su rubio cabello de la frente. Sus ojos azules  lucían  mas grandes  tras ponerse las gafas y con cierta melancolía me comentaba  que  disfrutaba mucho viendo las películas en las que se podían contemplar grandes veleros, pero  que le parecía algo inalcanzable. De otra época.

No creas -le dije mientras  barría  con un pincel  el polvo añejo de los libros-.


La mayoría de navíos que salen en las películas son barcos reales que en ocasiones se mantienen para la industria cinematográfica,o  como objeto de museo,  pero también  como buques escuela en artes de la navegación a vela y también para la explotación turística y el ocio en vacaciones. 

-Mira, ahí tienes un ejemplo -dije señalando a un  libro que tenía en la estantería que quedaba por encima de su cabeza-. Pásamelo, por favor.

Irene cogió aquel volumen, de entre los muchos que tengo de  Arturo  y leyó en voz alta:
-La Carta Esférica. Me suena…
-¡Exacto! La película -si no recuerdo mal-, se rodó a bordo de la goleta La Morena. Y creo que  tiene el amarre en Cartagena. Ya ves, no está tan lejos de tu casa de veraneo. 
-¿En serio?


¡Y tanto! Vamos a comprobarlo -le dije entusiasmada. Espera que cierro la entrada de mi blog, que lo he dejado a medias.  Voy a pinchar en la web de  marinetraffic,  -añadí-, pues siendo un barco de recreo seguramente lleva instalado el AIS.


[(El AIS un artilugio de obligado uso en barcos de pasajeros, mercantes, pesqueros, remolcadores y barcos de salvamento, que emite una señal que posibilita la localización del barco allá donde esté, en cualquier lugar del mundo, si está conectado, claro). Una de las webs para  localizarlos es marinetraffic.com/es   El buque se detecta con una figura diferente, según esté navegando o parado. Si navega es una especie de triangulito de color.  Cada color indica un tipo de barco diferente.]


Puse el nombre del barco y sailing vessel, porque es un barco a vela y también puse la bandera  del país donde está registrado… ¡Y allí estaba!  En la pantalla del ordenador, vimos un cuadradito estático donde ponía goleta La Morena, en un puerto del levante.  Pero no era  en Cartagena. Ahora estaba en Benalmádena. Seguramente -pensé-, están realizando su puesta a punto y reparándola  para  las singladuras veraniegas por la costa levantina.  Pero lamentablemente no fue así.

En nuestra búsqueda por internet, también pudimos comprobar ¡que está en venta!  ¡Vaya!

Y me quedé pensativa.    ¡Otro velero tradicional que queda al margen de la protección cultural!  Precisamente son estos barcos los que albergan y posibilitan in situ la transmisión los antiguos conocimientos de las artes  de navegación tradicional a vela y  de construcción artesanal en madera. Y ambas artes  se podrían enseñar  en nuestro país a bordo de ellos,  a modo de buque escuela y  como también como ocio, como hacen en otros países,  -si la administración les diera un poco de apoyo o subvencionara parte de su mantenimiento, amarre, o gastos de varadero, que tanto necesitan-, ya que su mantenimiento es  costoso, tanto en trabajo, como en dinero. Igual pasa con las obras de arte, sean lienzos, esculturas, frescos, retablos, o lo que sea.  Y eso si que se protege.


El arte y el patrimonio cultural marítimo,  van más allá  del rescate de los pecios  que descansan en el fondo de nuestras costas;  o de los fondos documentales y de los legajos de los archivos históricos, y de la conservación  de objetos antiguos;   también  de los preciosos lienzos  que se hallan en el Museo del Prado, en el museo del Louvre, o en el del MNAC, por poner algunos ejemplos.

No concebiríamos ver  algunos lienzos de Velázquez, de Sorolla, de Matise, de Rembrandt, o de Van Gogh, largados como velas  en el mástil o las vergas  de un barco. Tampoco entenderíamos por qué  la escultura  del  David de Miguel Ángel, pudiera estar sumergida en el mar, como ancla de fondeo.
  
Los barcos de madera que todavía flotan y  pueden navegar -y los que, por mil causas, están varados o hay que reparar-, también forman parte de la historia. Son un museo flotante y dinámico al que hay que proteger y promocionar, porque  todavía están vivos. 

Valoramos muy poco lo que todavía  tenemos.  Y todo es, o debería ser, compatible.  El presente y el futuro de las artes de la pesca tradicional, de los oficios y de las embarcaciones de madera y, en resumen —del bagaje milenario de la navegación tradicional—,  se nos va por el desagüe de una mal llamada modernidad.  Es necesario garantizar con diligencia  la  protección y la promoción de la cultura marítima, que por fortuna y con gran esfuerzo, todavía emana de la escasa población marinera que  se extingue en nuestros pueblos costeros. El momento actual es un punto de inflexión.   astillerosnereo.es   ¡Estamos en el último eslabón!


¡Un país rodeado de agua por todas partes menos por una,  que vive de espaldas al mar y a su cultura marítima y tradicional! 


Todo esto lo digo porque no ocurre lo mismo con los recursos millonarios  que destinan nuestros gobiernos a la construcción de diques y muelles para promocionar el amarre de los megayates de la Jet Set  de los multimillonarios y magnates, sobre todo internacionales.  Mientras, nuestra flota de barcos de madera tradicional, -la poca que queda como único bagaje histórico de la cultura y de algunos oficios artesanos-, se extinguen bajo el peso del titánico esfuerzo laboral y comercial que desarrollan  sus propietarios para que no desaparezcan, siendo abandonados a su suerte por la administración.   ¡Es indignante!  



Entonces  se me ocurrió que podía daros a conocer en el blog,  al igual que hice en una de mis novelas, la historia de algunas de estas embarcaciones tradicionales pues algunas de ellas tienen su amarre en puertos de nuestra península y de nuestras islas. Y también creo interesante en mostraros algunos barcos emblemáticos y peliculeros del extranjero, para ampliar la lista de veleros  que todavía están en activo.  
¡Que buena idea!

Le facilité a Irene  algunas webs para que pudiera hacer realidad su sueño  navegando a bordo de un gran velero, (tall ship) en el que podía colaborar con las tareas de a bordo, además:  Sail Training International.  Incluso podía ser de interés para algunos lectores de este blog: sailonboard.com  la web está en inglés, pero podéis usar el traductor. 

Pensé que podía ser interesante adjuntar en  algunas de mis  entradas,  vídeos y datos para que podáis localizar a estos barcos, de los que en algún caso  haré algún resumen monográfico.

¡Muchos sueños son posibles! Solo hay que creer en ellos y buscar el como hacerlos realidad.

Entusiasmada con la idea, me senté sobre los peldaños de la escalera en la que estaba encaramada y estuve hablando con Irene largo rato sobre el tema.  Tenía la mejilla hundida por la palma de su mano,  pues apoyada  con el codo en la mesa, escuchaba embelesada lo que le estaba contando. La conversación comenzó  hablando de La Morena y de la  novela de Arturo -al que tengo dedicada  toda una estantería- y acabamos hablando de las cartas de navegación y del cálculo del triángulo esférico, ese que queda determinado desde el lugar donde estamos, el lugar de destino y el polo de la tierra del que tomamos referencia.

Al cabo de un rato, Irene tenía que marcharse que ya iba justa de tiempo para recoger a su nieta a la escuela. 
-El miércoles próximo tengo un par de horas libres y podemos hacer la reserva para este verano. ¡Que ilusión me hace!. Uff.. tengo que irme... -Me ha encantado hablar sobre todo esto, contigo.
-Vale, el miércoles quedamos y miramos en que puerto puedes incorporarte. Lo mismo me apunto yo también.  ¿Te imaginas? -¡Las dos juntas a bordo de ese pedazo de barco!
-Sería estupendo. Me voy corriendo. ¡Hasta el miércoles!
-Adiós. Un beso a la pequeña, de mi parte.

Una vez se cerró la puerta,  suspiré emocionada y me dispuse a colocar los libros en su sitio.  Luego seguí escribiendo en mi blog algunas pinceladas sobre el tema:



Uno de los responsables sobre importantes avances sobre la navegación, fue un matemático y astrónomo portugués, un tal Pedro Nunes, pues publicó el Tratado de la navegación, (1.546).  Constató unos aspectos cruciales que determinaron la diferencia entre  los cálculos sobre la línea loxodrómica  -en que se sigue y se dibuja en la carta náutica un rumbo constante, dando como resultado un trayecto mas largo,  y la línea ortodrómica -que es la que exige una constante modificación del rumbo-, pero que nos proporciona un trayecto más corto como resultado de dichos cálculos.

Al ser la tierra una esfera, las mediciones y los cálculos náuticos configuran sobre los meridianos,  un triángulo  en volumen,  que podríamos comparar  a la cata que hiciéramos en una sandía redonda. Las ecuaciones  pertinentes,  teniendo en cuenta el arco del meridiano que queda dibujado -nada fáciles y de las que me declaro negada por completo-,  darán como resultado la distancia exacta entre el punto de origen y el de destino. Esta figura resultante es sustancialmente diferente al dibujo lineal sobre la carta náutica.

No se más. 

O sea que si os interesa el tema tendréis que indagar por otros derroteros, nunca mejor dicho.




¡La carta náutica! ¡Apasionante!  Soy neófita en estos temas, pero me pasaría horas y horas contemplando las áreas de los bajíos,  escudriñando los metros de profundidad de las diferentes plataformas continentales y de las abismales  fosas marinas. También me encanta observar las cartas  náuticas de viento. Y los derroteros. Esos que describen perfectamente las costas de las islas y continentes y  que  también marcan la ubicación 
de  naufragios, plataformas petrolíferas, etc y sobre todo de los faros  y la cadencia de 
sus destellos. 


Lo que no cogeré nunca es el almanaque náutico: me marea solo mirar las páginas repletas de números y columnas, pero que sepáis que es imprescindible para navegar y  realizar  los cálculos náuticos;  y  tiene caducidad, pues cada año es diferente. En él se detallan las mediciones de la altura del sol y de la luna cada hora durante los trescientos sesenta y cinco días del año y facilita las formulas para corroborar la hora de paso por los meridianos, las declinaciones y muchas cosas más -que os repetiría como un loro, pues no soy capaz de entenderlas-. 

Para alguna de mis novelas tuve que consultar el anuario de mareas… ¡Me encantó saber a que horas sube y baja la marea en cada lugar, pues es diferente a pesar de ser el mismo país y el mismo mar el que baña sus costas y varía cada año! Es impresionante. 


Os invito a que os sumerjáis en ellos, ya sea en una biblioteca, o mejor, a bordo de algún velero. Si sentís curiosidad por estos temas,  existen cursos de patrón de embarcaciones  y seguramente será una experiencia muy grata si sois amantes del mar y de los barcos. 



Como en todo, es bueno  relativizar, observar  y abrir la mente. Si no nos elevamos del plano del agua del mar, el horizonte puede quedarnos  tan solo a un tiro de piedra.  En cambio, si nos subimos al mástil de un barco, el alcance de la visión se amplía cuanto más alto subimos, pues podemos otear el horizonte  a 6 millas náuticas y más allá…  Y esto nos sirve también como una actitud ante la vida, además del  ámbito náutico.


Mi recomendación literaria  para hoy es:  la Carta Esférica.  Autor: Arturo Pérez-Reverte

¡Buena suerte y buenos vientos para el destino de esta entrañable  goleta, La Morena!  

¡Nos vemos en  la próxima entrada!


miércoles, 1 de marzo de 2017

Una taza de café en la toldilla.



¡Bienvenidos de nuevo!

Había entrado en casa muy sofocada tras el ir y  venir de la compra semanal de víveres. Pensé en lo que me había costado llenar la nevera y la despensa:  en dinero y en esfuerzo; y no puede menos que sentirme afortunada, -pues  evoqué una lectura que había dejado a medio leer aquella tarde-,  y ya me imaginaba la cantidad de toneles de agua, vino y ron estibados en las bodegas de aquellos magníficos barcos de vela  que transportaban mercaderías y especias desde  los lejanos y exóticos lugares del mundo,  cuyos tripulantes pasaban meses y meses en el mar. Y algunos de ellos,  como era el caso de los balleneros, varios años.

¡Que vida tan dura!  Y pensé: ¿cuántas toneladas de harina, patatas, legumbres, arroz y manzanas, debían llevar a bordo,-además de las  carnes y pescados en salazón-?  En alguna parte había leído que  llevaban algunas  gallinas y  animales vivos como cabras o corderos para su manutención para tantos meses de navegación, pero me resultaba difícil imaginármelo.

En fin, inmersa en estos pensamientos, seguí colocando la compra...,  cuando me di cuenta que había olvidado comprar el pan.  ¡El pan! Afortunadamente vi que  tenía suficiente para la cena.

¡Eso si que era un handicap!  ¡Llevar harina suficiente sin que se enmoheciera con la humedad! Debía de resultar imposible cargar pan suficiente  para alimentar a la tripulación, o a la tropa y para tantos meses, debió  de dar muchos quebraderos de cabeza a los responsables de la intendencia de los barcos. Pero encontraron la solución:  quitaron el exceso de humedad del pan, cociéndolo por dos veces y haciendo porciones  individuales más adecuadas para que se airearan y para  estibarlas mejor.


Hasta entonces el pan utilizado  había sido el pan ácimo, sin levadura, como tortas secas, y en el otro lado del atlántico -desde las épocas precolombinas, los indígenas comían el pan de cazabe (yuca) y tortas de maíz-. Aunque no estaba muy segura, creí recordar que  en las  posteriores expediciones de Colón ya consumieron la galleta de barco a bordo;  sería en el siglo XVI cuando se instauró la comercialización de la galleta de pan -llamado también pan de barco o bizcocho, pues el nombre variaba según las regiones y los países-. Lo que no cambiaba, es que  al cabo de unos meses en  todos  ellos aparecían unos cilíndricos gusanitos en su interior.  El caso es que a partir de entonces surgió una industria  panadera dedicada exclusivamente al suministro de los barcos, a los que cargaban el preciado alimento en los muelles, ya fuera en latas, cajas o barriles.


No iba a volver a salir a comprar, pues  ya era la hora en que  cerraban los comercios. Pero al día siguiente era festivo y siempre que puedo, evito comprar  pan congelado.  Así que fui a la despensa y cogí el bote de la harina de trigo, un poco de harina de garbanzo y de maíz,  y puse a templar un cazo de agua; y saqué un poco de masa madre que tenía en la  nevera. Puse algunos granos de anís y  de comino en remojo para que se hincharan. Más tarde  lo mezclé todo con una pizca de sal. En unos minutos hice  una bola de masa de pan que dejé  reposar toda la noche para que fermentara en una olla honda, cubierta con un paño húmedo de algodón.

A la mañana siguiente, lo primero que hice fue volver a amasar bien el pan y dejarlo reposar  de nuevo una hora. Luego lo volví a amasar,  pero esta vez  le dí formas redondeadas y cuadradas del  tamaño de la palma de la mano. Pinché la masa  de las porciones repetidamente con un palito de  los que tengo para los pinchos a fin de hacer todos los agujeros que pudiera.  Y  de nuevo lo cubrí con un  fino paño húmedo otra hora más.
Me preparé  unas tostadas y una taza de café . Y subí a desayunar a la amplia terraza, cuyo suelo estaba forrado con lamas de teka y donde una carpa cobijaba una mesita y unas sillas de madera. Desde allí pude contemplar  el mar y el azulado horizonte, recortado en un cielo raso.  Me parecía estar en la toldilla, en la cubierta de popa de un barco.


Mientras desayunaba aproveché para retomar la lectura que había dejado la tarde anterior. Era un  interesante libro  que había adquirido recientemente:

                           < La carrera del Té,  de Víctor San Juan. Editorial Noray.>

Sumergida en la lectura, viajé a tierras ignotas  a bordo de aquel  hermoso clíper  de  henchidas velas, que  a modo de buque insignia, surcaba los mares a contrarreloj, para aventajar a la flota  de buques que le iba a la zaga. Su preciado cargamento estaba constituido por  miles de fardos repletos  de hojas  de té, que tenía que llevar en el menor tiempo posible, hasta las mismísimas entrañas de Londres, en los muelles de Wapping, para que  estuviera "en su punto".

Tras una hora de lectura, sonó la alarma que había puesto de antemano, pues suelo perder la noción del tiempo cuando leo. Bajé apresuradamente a la cocina y pulvericé con agua las porciones de pan que ya habían  aumentado su tamaño y lo metí en el horno.  Una vez cocido, lo saqué y lo dejé enfriar, cubierto con un paño limpio de algodón. Subí  de nuevo a la terraza a recoger las blancas sábanas que había tendido  la noche anterior y que ahora flameaban con la tímida brisa, haciéndome evocar las velas de aquellos hermosos barcos...

Bajé de nuevo y cerré las lumbreras de la casa, que ya estaba ventilada y  entré en los camarotes de babor para hacer las camas, pues mis hijos tenían la foto de un velero en cada puerta de su habitación.   Había transcurrido ya un rato, cuando fui de nuevo a la cocina. El pan ya estaba frío;  volví a meterlo en el horno caliente, esta vez vigilando los tiempos y el color, no fuera a tostarse demasiado.


Tras la nueva cocción, lo dejé enfriar de nuevo, esta vez destapado.  Aquel pan, elaborado con la receta familiar de la galleta de barco, utilizada antaño en los viajes de ultramar, podía durarme un año en  un sitio ventilado. ¡Remojado en un buen  caldo está delicioso!


                   


                   ¡


¡Hasta  pronto!